Colosenses 3:5-7
LOS DOS LOBOS
“Hagan, pues, morir todo lo que hay de terrenal en ustedes...” Colosenses 3:5
Elizabeth Berg, en la novela “El año del placer”, habla de un abuelo navajo que le dice a su nieto: “Dos lobos viven dentro de mí. Uno es el lobo malo, lleno de codicia y pereza, lleno de ira, celos y arrepentimiento. El otro es el lobo bueno, lleno de alegría, compasión y buena voluntad y un gran amor por el mundo. Todo el tiempo estos lobos luchan dentro de mí”. “Pero abuelo”, dijo el niño, “¿qué lobo ganará?”. El abuelo respondió: “El que yo alimente”.
Es una buena historia. Hay momentos en nuestras vidas en los que es más útil preguntar: “¿Realmente quiero alimentar este enojo? ¿O esta lujuria? ¿O esta envidia?” Pablo parece decir algo similar en nuestro pasaje cuando nos dice que nos deshagamos de todo lo terrenal. Sin embargo, la historia, por muy interesante que suene, está incompleta. Asume que el yo que elige si alimentar al lobo bueno o al malo no está contaminado en sus juicios. Pero, por supuesto, sí lo está. Los caminos de los lobos buenos y malos infectan lo más profundo de nuestro ser. Racionalizamos y justificamos nuestros pecados todo el tiempo; somos maestros en poner buena cara al mal que hacemos.
Pablo nos dice que no solo dejemos morir de hambre nuestras prácticas pecaminosas, sino que también ahoguemos nuestro viejo yo en las aguas del bautismo para que podamos revestirnos del nuevo yo, Cristo.
Padre, queremos que estés en el trono de nuestras vidas para guiarnos en todas nuestras decisiones. Sé el Señor de nuestras vidas, lo pedimos en nombre Jesús, amén.