04 de noviembre del 2021
Génesis 13:1-18
MEA CULPA
“Y el hombre contestó: La mujer que me diste por compañera me dio de ese fruto, y yo comí”.
Génesis 3:12
Cómo cambian las cosas. Aquella mujer que inspiró a Adán a exclamar el primer poema romántico, y a quien él mismo dio nombre, se convierte ahora en la culpable de todas sus angustias. ¿Quién tiene la culpa de acuerdo a Adán, la cabeza de su hogar, de haber desobedecido a Dios? Tal vez Eva por darle del fruto, o Dios por darle a la mujer, pero no él. Eva también tiene su coartada perfecta: Satanás, el mismo al que nosotros le echamos la culpa por nuestras caídas y rebeliones.
¿Sabe qué es lo que más me preocupa de todo esto? Que cuando las personas adoptan una actitud de no asumir su responsabilidad en los conflictos, más difícil les será reconocer su necesidad de Cristo para sanar las heridas en sus relaciones. Los justos no tienen necesidad de médico, dijo el Señor. Ni los esposos o hijos que no creer tener ninguna culpa tampoco.
El camino a la solución de nuestros conflictos comienza por reconocer que en el matrimonio tenemos algo en común con Adán y Eva en aquel momento crucial: Somos dos pecadores viviendo en un mundo caído, necesitados de un salvador. Dios lo sabe. Por eso, como juez justo, él no solo determinó la responsabilidad de cada uno de los actores del drama de la caída. También nos mostró que el único camino para la solución de nuestros conflictos está en Jesucristo.
Padre amado, ayúdanos a ser responsables no solo de nosotros mismos y nuestros actos, sino de aquellos a quienes tu nos has dado para amar y proteger. Por el amor de Jesús, Amén.
Cuando uno lee el libro de Génesis, difícilmente se hace uno la idea de que está hablando de una familia especial. La mayor parte del libro se ocupa de relatos de desobediencia, traición, corrupción y castigo. Pero no se equivoque. Detrás de la incapacidad humana se encuentra la mano de Dios conduciendo los hilos de la historia. Y al final del libro, el comentario de José a su propia vida es un resumen del libro: “Dios cambió ese mal en bien”. Y es la fidelidad de Dios la que ofrece una esperanza a nuestras familias que se mueven en un entorno no menos contaminado. Él sigue obrando a través de su gracia para llevarnos a Jesucristo, en quien sus promesas se hacen efectivas para sus hijos. Esperamos la lectura de este devocional le dé fuerzas para continuar en la batalla de levantar una generación para Dios.
Román Pérez Aguilar
Es pastor de la iglesia presbiteriana en México. Está casado con Esmeralda y tiene un hijo. Actualmente colabora en el Ministerio Reforma en el programa Vida en familia.