02 de noviembre del 2021
Génesis 2:21-25
JUNTOS, PERO NO DEVUELTOS
“Por tanto, dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y serán una sola carne”.
Génesis 2:24 (RVR60)
“Hasta que la suerte nos separe” parece ser la mentalidad de algunos matrimonios. Y si no tienen “suerte”, hay muchos arreglos para eliminar de esta relación su carácter indisoluble. ¿Qué piensa Dios de esta tendencia de hacer del matrimonio algo desechable?
Cuando la Biblia habla del matrimonio lo hace en términos que evocan una relación permanente entre un hombre y una mujer. En la frase “se unirá a su mujer” indica una adhesión inseparable entre estas dos personas. Solo ellas. No hay lugar para el amigo, la mamá, o la comadre. Por eso en algunas bodas, se compara el matrimonio a dos hojas pegadas, que no se pueden despegar sin hacerse daño el uno al otro.
Esta intimidad y cercanía es a veces objeto de bromas. Pero la Biblia no lo presenta como algo trágico o de lo cual avergonzarse. Lo que Dios trata de enseñarnos con estas palabras es que el matrimonio es un pacto, un compromiso entre dos personas delante de él. No existe una relación más cercana e íntima que ésta de este lado de la segunda venida de Cristo. Y esto debe servirnos de inspiración a aquellos que estamos casados, y que seguramente no estamos exentos de conflictos. Su matrimonio, por muy imperfecto que parezca, es un cuadro de la relación eterna entre Cristo y su iglesia. Y Dios se alegra por cada pareja que está dispuesta a luchar por su relación.
Padre, gracias por estar presente en cada matrimonio que te busca. Fortalécenos con tu Espíritu para salir avante. En Jesús, amén.
Cuando uno lee el libro de Génesis, difícilmente se hace uno la idea de que está hablando de una familia especial. La mayor parte del libro se ocupa de relatos de desobediencia, traición, corrupción y castigo. Pero no se equivoque. Detrás de la incapacidad humana se encuentra la mano de Dios conduciendo los hilos de la historia. Y al final del libro, el comentario de José a su propia vida es un resumen del libro: “Dios cambió ese mal en bien”. Y es la fidelidad de Dios la que ofrece una esperanza a nuestras familias que se mueven en un entorno no menos contaminado. Él sigue obrando a través de su gracia para llevarnos a Jesucristo, en quien sus promesas se hacen efectivas para sus hijos. Esperamos la lectura de este devocional le dé fuerzas para continuar en la batalla de levantar una generación para Dios.
Román Pérez Aguilar
Es pastor de la iglesia presbiteriana en México. Está casado con Esmeralda y tiene un hijo. Actualmente colabora en el Ministerio Reforma en el programa Vida en familia.