Génesis 2:21-25
JUNTOS, PERO NO DEVUELTOS
“Por tanto, dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y serán una sola carne”.
Génesis 2:24 (RVR60)
“Hasta que la suerte nos separe” parece ser la mentalidad de algunos matrimonios. Y si no tienen “suerte”, hay muchos arreglos para eliminar de esta relación su carácter indisoluble. ¿Qué piensa Dios de esta tendencia de hacer del matrimonio algo desechable?
Cuando la Biblia habla del matrimonio lo hace en términos que evocan una relación permanente entre un hombre y una mujer. En la frase “se unirá a su mujer” indica una adhesión inseparable entre estas dos personas. Solo ellas. No hay lugar para el amigo, la mamá, o la comadre. Por eso en algunas bodas, se compara el matrimonio a dos hojas pegadas, que no se pueden despegar sin hacerse daño el uno al otro.
Esta intimidad y cercanía es a veces objeto de bromas. Pero la Biblia no lo presenta como algo trágico o de lo cual avergonzarse. Lo que Dios trata de enseñarnos con estas palabras es que el matrimonio es un pacto, un compromiso entre dos personas delante de él. No existe una relación más cercana e íntima que ésta de este lado de la segunda venida de Cristo. Y esto debe servirnos de inspiración a aquellos que estamos casados, y que seguramente no estamos exentos de conflictos. Su matrimonio, por muy imperfecto que parezca, es un cuadro de la relación eterna entre Cristo y su iglesia. Y Dios se alegra por cada pareja que está dispuesta a luchar por su relación.
Padre, gracias por estar presente en cada matrimonio que te busca. Fortalécenos con tu Espíritu para salir avante. En Jesús, amén.