Romanos 5:1-5
UNA ESPERANZA LLENA DE ALEGRÍA
“…y la esperanza no avergüenza; porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones”. Romanos 5:5
La esperanza es el combustible que nos alimenta en nuestro viaje hacia el futuro. Sin esperanza, caemos vencidos en los caminos de la vida. Sin esperanza, nuestra alma se marchita en el tórrido calor de la existencia. Sin esperanza, la sonrisa se apaga en nuestros labios y el llanto amargo ofusca nuestra visión. Sin esperanza, la vida se convierte en una pesada carga, un grito de dolor, y una sinfonía de gemidos.La esperanza es el aceite que unge nuestra cabeza, la fuerza que tonifica nuestra alma, la motivación que impulsa nuestra marcha. Muchas personas han naufragado en las tormentas de la vida y otros se entregan a lo que solo trae desesperanza. Nosotros, sin embargo, somos de los que esperan, incluso, contra toda esperanza. Así actuó Abraham, el padre de la fe. Él esperó, aun cuando tenía todo en contra, y llegó a ser el padre de una descendencia numerosa. Todos los que creemos en el nombre del Señor Jesús, somos hijos de Abraham y nos alimentamos de esa misma esperanza.Nuestra esperanza no es una expectativa vaga, sino una certeza basada en la experiencia. Nuestra esperanza no se perturba, porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones. Así que es hora de avanzar hacia el futuro con una canción en los labios, levantando el pendón de la victoria y siempre regocijándonos en la esperanza.
Padre, a pesar de las injusticias y desigualdades de este mundo, mi esperanza está en ti. Tu amor guarda mi futuro. Te alabo con gran alegría. Por tu Hijo Jesús, Amén