1 Corintios 15:1-11
DE REGRESO A LO BÁSICO
“…quiero que se acuerden del evangelio que les he predicado. Éste es el evangelio que ustedes aceptaron, y en el cual están firmes”.
1 Corintios 15:1
Una cruz sangrienta y una tumba vacía. Ésas son las verdades centrales a las que podemos reducir la fe cristiana. No suenan tan atractivas para una generación que ha crecido en la era digital y el mundo virtual. ¿Podemos estar seguros que este mensaje será capaz de enfrentar al mundo secularizado en que vivimos? ¿Podrán nuestros refinados hijos cibernéticos ser sacudidos por un mensaje así?
No sabemos con exactitud qué vaya a pasar en las próximas décadas. Lo que sí estamos seguros es que nos toca a nosotros mantenernos firmes en este evangelio. No podemos sucumbir a la tentación de suavizarlo, modificarlo o eliminar los elementos que nos parezcan demasiado crudos para la sensibilidad moderna. Debemos reafirmar el evangelio que nos fue predicado, que recibimos y por el cual somos salvos.
No olvidemos que la muerte y la resurrección de Jesucristo son acontecimientos históricos. Se trata de sucesos verdaderos, no de leyendas o mitos fabricados por la imaginación humana. Negar estas doctrinas traería consecuencias devastadoras para nuestra fe. Estaría en juego la veracidad de los apóstoles (v. 15). Si ellos no resultaran confiables en estos asuntos, ¿por qué deberíamos creerles en otros menos esenciales? Pero también estaría en peligro nuestra salvación. Si Cristo no resucitó, aun estaríamos en nuestros pecados.
Padre eterno, ayúdanos a mantenernos firmes en la fe dada una vez a los santos. En el nombre de Cristo, amén ?