28 de junio del 2021
1 Corintios 15:35-49
EL SEXTO DÍA
“Tal vez alguno preguntará: ¿Cómo resucitarán los muertos? ¿Qué clase de cuerpo tendrán?” 1 Corintios 15:35
Hace unos años acompañé en sus últimos meses de vida a un hermano, que había perdido ya su vista y sus dos piernas, pero no el sentido del humor. “Me estoy yendo por partes al cielo”, me decía en broma. Y eso me hace pensar en una pregunta bastante común de algunos hermanos: “¿Con qué cuerpo resucitaremos?” Alguien agregó, igual en tono de broma, “¿con el de antes de la dieta o el de después de la dieta?”
Sin embargo, la pregunta es bastante seria porque a algunos les preocupan cosas como qué pasará si morimos calcinados, o si donamos alguno de nuestros órganos. ¿Afectan este tipo de cosas a nuestros cuerpos resucitados? ¿O recibiremos cuerpos no físicos como algunas sectas afirman?
La iglesia cristiana ha sostenido desde sus inicios la creencia en la “resurrección de la carne”. No solo eso, sino que también creemos que nuestros cuerpos resucitados serán semejantes al de Jesucristo, quién fue el primero en resucitar de esta forma gloriosa. Si el apóstol Pablo habla de un cuerpo espiritual es porque después de la resurrección nuestros cuerpos estarán bajo el control pleno del Espíritu. Serán cuerpos físicos pero vestidos de incorrupción e inmortalidad. Por supuesto que hay muchas cosas que no sabemos, “todo lo que sabemos es que será maravilloso, más allá de nuestra más exaltada imaginación”.
Padre bendito, gracias porque tú has preparado para tus hijos un futuro glorioso que esperamos con paciencia. En Cristo, amén.
El camino a la madurez cristiana es una travesía maravillosa. No hay nada que se compare a estar en sintonía con la voluntad de nuestro bondadoso Dios. Su Hijo Jesucristo ha hecho posible el recorrido a través de su muerte en la cruz. Y, por si fuera poco, Dios ha hecho morar su Espíritu en nosotros para guiarnos, fortalecernos y capacitarnos para crecer junto con nuestros hermanos en la fe. Pero tenga cuidado de caer en la tentación de buscar atajos. No se deje seducir por los predicadores que le animan a seguir una meta distinta. La iglesia de Corinto es un ejemplo de los peligros de equi- vocar el camino y la confusión resultante. Gracias a Dios, nuestros errores no tienen la última palabra, y él permitió que el apóstol Pablo atendiera la necesidad pastoral de esta iglesia. De ese modo, la iglesia pudo retomar el camino, y nosotros también podemos hacerlo si nos hemos extraviado.
Huascar de la Cruz
Es casado y tiene cuatro hijos. Ha sido pastor en México por largo tiempo, y en la actualidad funge como el director del Ministerio Reforma.