01 de junio del 2021
1 Corintios 1:1-9
¿CÓMO SE DICE?
“Siempre doy gracias a mi Dios por ustedes, por la gracia que Dios ha derramado sobre ustedes por medio de Cristo Jesús”.
1 Corintios 1:4
Si usted conoce a Cristo, puede considerarse una persona bendecida. No habrá nada mejor que le pueda pasar durante su trayecto aquí en la tierra. Quizá llegue a codearse con gente famosa o a frecuentar amistades influyentes, pero con Cristo tiene un privilegio mayor. Él ha abierto una puerta más importante para usted: la posibilidad de gozar de una relación especial con su Padre.
No hay manera que, si usted está en Cristo, Dios le pase por alto. No hay peligro de alguna omisión que impida que sus bendiciones fluyan hasta usted. ¿Una dirección incorrecta? Imposible. Dios le tiene ubicado con su GPS (God´s positioning System), no recientemente, sino desde la eternidad. Y tampoco corre el riesgo que él equivocadamente dé a otro lo que tiene preparado para quienes él ha llamado a la comunión con su Hijo. Puedo decir que, aunque no se percate, usted es especial para él porque él le ve a través de Cristo.
¿No sentía un motivo especial para dar gracias el día de hoy? La gracia que Dios nos ha mostrado en Cristo es una razón para vivir “siempre” agradecidos. Sus bendiciones deberían ser nuestro tema de conversación. Él sigue trabajando en usted de maneras imperceptibles y no va a desistir de esa obra. Sus fallas solo lograrán confirmar que usted era un candidato ideal para hacerle objeto de su amor.
Mi Dios, hoy quiero darte gracias por todo o que tu Hijo ha hecho por mí, y por lo que tú haces constantemente por mí a través de él. En Cristo Jesús, amén.
El camino a la madurez cristiana es una travesía maravillosa. No hay nada que se compare a estar en sintonía con la voluntad de nuestro bondadoso Dios. Su Hijo Jesucristo ha hecho posible el recorrido a través de su muerte en la cruz. Y, por si fuera poco, Dios ha hecho morar su Espíritu en nosotros para guiarnos, fortalecernos y capacitarnos para crecer junto con nuestros hermanos en la fe. Pero tenga cuidado de caer en la tentación de buscar atajos. No se deje seducir por los predicadores que le animan a seguir una meta distinta. La iglesia de Corinto es un ejemplo de los peligros de equi- vocar el camino y la confusión resultante. Gracias a Dios, nuestros errores no tienen la última palabra, y él permitió que el apóstol Pablo atendiera la necesidad pastoral de esta iglesia. De ese modo, la iglesia pudo retomar el camino, y nosotros también podemos hacerlo si nos hemos extraviado.
Huascar de la Cruz
Es casado y tiene cuatro hijos. Ha sido pastor en México por largo tiempo, y en la actualidad funge como el director del Ministerio Reforma.