02 de junio del 2021
1 Corintios 1:10-17
LA ORACIÓN QUE PUEDES CONTESTAR
“Hermanos, en el nombre de nuestro Señor Jesucristo les ruego que todos estén siempre de acuerdo y que no haya divisiones entre ustedes”.
1 Corintios 1:10
El Señor oraba siempre por sus discípulos, ¡y vaya que lo necesitaban! Eran tan frágiles que le daban motivos de sobra para interceder. Nosotros, en realidad, no somos mejores, y también requerimos de su intercesión constante. ¿Hay algún motivo particular por el cual él ore a su Padre por nosotros?
Sí lo hay. Mucho antes de que usted y yo viniéramos al mundo, el Señor oró por nosotros. Y su petición se encuentra en Juan 17:20-21: “No te ruego solamente por éstos, sino también por los que han de creer en mí al oír el mensaje de ellos. Te pido que todos ellos estén unidos”. ¿Se da cuenta? El Señor oraba por la unidad de los creyentes, aunque a veces pareciera que hubiera pedido lo contrario. Vivimos en un mundo dividido, de relaciones rotas y familias desintegradas. Vivir en desunión es tan natural que ni siquiera nos damos cuenta.
Pero ésta es la gente que Dios llama para formar su pueblo. Y él confía en que por amor a nuestro Señor estaremos dispuestos a deponer las armas, a levantar puentes en lugar de muros, y a abrazar a tanta gente herida que necesita de él. ¿Quieres hacer feliz el corazón de Jesús en este día? Busca alguien a quien perdonar. Contribuye a sanar alguna zona de conflicto en tu iglesia. Escucha y reflexiona en lo que otros dicen, antes de asumir que eres tú quien tiene la razón.
Te pido, mi Dios, que me hagas un instrumento de tu paz. Pero necesito de tu ayuda para lograrlo. En Cristo, amén.
El camino a la madurez cristiana es una travesía maravillosa. No hay nada que se compare a estar en sintonía con la voluntad de nuestro bondadoso Dios. Su Hijo Jesucristo ha hecho posible el recorrido a través de su muerte en la cruz. Y, por si fuera poco, Dios ha hecho morar su Espíritu en nosotros para guiarnos, fortalecernos y capacitarnos para crecer junto con nuestros hermanos en la fe. Pero tenga cuidado de caer en la tentación de buscar atajos. No se deje seducir por los predicadores que le animan a seguir una meta distinta. La iglesia de Corinto es un ejemplo de los peligros de equi- vocar el camino y la confusión resultante. Gracias a Dios, nuestros errores no tienen la última palabra, y él permitió que el apóstol Pablo atendiera la necesidad pastoral de esta iglesia. De ese modo, la iglesia pudo retomar el camino, y nosotros también podemos hacerlo si nos hemos extraviado.
Huascar de la Cruz
Es casado y tiene cuatro hijos. Ha sido pastor en México por largo tiempo, y en la actualidad funge como el director del Ministerio Reforma.