2 Corintios 4:1-6
¡SEA LA LUZ!
“Porque el mismo Dios que mandó que la luz brotara de la oscuridad, es el que ha hecho brotar su luz en nuestro corazón…”
2 Corintios 4:6
Es difícil ya imaginar un mundo a oscuras. Hemos llegado a depender tanto de la energía eléctrica que, aun en ciudades pequeñas, un apagón generalizado es capaz de provocar intranquilidad y caos. A veces se nos olvida que en un pasado remoto todo estaba envuelto en una densa oscuridad.
Por eso es un alivio saber que este universo es producto de un Dios que es luz, que ama la luz, que habita en la luz. De allí que lo primero que Él hizo al comenzar su obra creativa fue iluminarlo como si estuviera poniendo luces a un árbol de navidad. ¿Le parece increíble que Dios haya hecho esto? ¿Le cuesta trabajo aceptar que todo lo que existe tuvo un comienzo?
No se preocupe. Dios todavía sigue haciendo algo semejante. Las tinieblas intentan oscurecer su obra y sus enemigos buscan empañar su gloria manifestada en su Hijo Jesucristo. Es un intento desesperado por impedir que el evangelio transforme el corazón de los seres humanos, de manera que nuestros ojos puedan verle como el Dios glorioso que es. Pero Dios, al igual que en la creación, interviene para iluminar nuestros corazones. De esa forma elimina nuestra ceguera espiritual para que podamos deleitarnos en las buenas nuevas de Jesucristo. Y este milagro de la nueva creación es igual de maravilloso al del primer día de la creación original.
Señor, abre mis ojos para que pueda verte en toda tu majestuosidad. Ilumina mi mente para entender tu gloria en Cristo. En su nombre, amén.