17 de mayo del 2021
2 Timoteo 2:14-26
QUIEN AMA, CORRIGE
“Un siervo del Señor debe corregir con corazón humilde a los rebeldes”.
2 Timoteo 2:25
No nos gusta que nos corrijan. Cuando alguien nos llama la atención es probable que reaccionemos con molestia y que hasta guardemos un sentimiento de amargura en su contra. Pero recibir una corrección adecuada es parte de la vida. ¡Y cuánto apreciamos a aquellos que tuvieron el tacto suficiente para hacerlo con amor y ternura!
En la vida cristiana también la necesitamos. Por eso la Palabra de Dios exhorta a los maduros en la fe a que guíen a aquellos que están dando sus primeros pasos. Y debemos dar gracias por ellos, porque muchas veces, como las ovejas en el campo, no nos damos cuenta cuando nos estamos alejando peligrosamente del resto del rebaño. Dios los ha colocado para advertirnos y amonestarnos cuando sea necesario.
Lamentablemente también en la iglesia pueden darse casos de abuso espiritual de quienes están al frente. Por eso debemos tener cuidado. ¿Cómo distinguir al fiel pastor del lobo vestido de oveja? Este pasaje nos da varias claves, pero mencionemos solo dos. La primera tiene que ver con la actitud: que lo haga con corazón humilde. Un pastor soberbio y malintencionado es fácil de distinguir. La segunda tiene que ver con el contenido de la corrección: que éste sea bíblico. Es alguien que “enseña debidamente el mensaje de la verdad”. Debemos dar gracias a Dios por sus siervos que nos corrigen.
Señor, gracias por los siervos tuyos que has puesto en mi camino para corregirme. En el nombre de tu Hijo, Amén.
Se ha ido ya una quinta parte del siglo XXI y no volverá más. Y, para asombro de todos, la pandemia del Covid-19 ha terminado con millares de vidas. ¿Qué hemos hecho para que la obra de Dios sea conocida en todos los rincones de la tierra? ¿Cómo hemos contribuido para que la Palabra de Dios esté a la disposición de las personas? Entiendo que nuestro día a día esté lleno de tareas, de compromisos que cumplir y cuentas qué pagar... pero ¿qué hemos hecho por la obra de Dios y por la divulgación de su evangelio? Vamos a reflexionar un poco sobre este tema con algunos pasajes que nos ayudarán a responder a esta pregunta: ¿Qué es lo que Dios espera de cada uno de nosotros? Nuestro deseo es que seamos identificados como predicadores del Evangelio de la Salvación, del mensaje de vida por medio de Cristo que un día llegó hasta nosotros
Edison Souza
Periodista y presbítero en La Iglesia Presbiteriana de Campinas São Paulo, Brasil