18 de mayo del 2021
Proverbios 11:1-20
PENSAR ANTES DE HABLAR
“El imprudente habla mal de su amigo;
el prudente guarda silencio”.
Proverbios 11:12
Ocurre con mucha frecuencia. Una reunión de amigos relajada se torna en la ocasión para bromas cada vez más fuertes. Y de repente alguien hace un comentario sobre tu pasado, tu relación matrimonial, tu apariencia personal, o tu situación económica. Su intención era continuar el buen humor, pero terminó dejándote con mal humor. No esperabas eso de tu amigo. La imprudencia pone en peligro muchas veces amistades de años.
El pasaje no se refiere aquí al hipócrita de quien antes dijo que “con la boca daña a su prójimo” (v.9). Tampoco tiene en mente al chismoso que “todo lo cuenta” (v. 13). En esos casos a veces se puede dudar si se puede cultivar una amistad sincera. Aquí habla de aquel que por una indiscreción corre el riesgo de arruinar una relación de amistad con alguien a quien de ninguna manera hubiera querido lastimar.
El consejo de este proverbio es bastante sabio. En una traducción más moderna dice: “el que piensa lo que dice, sabe cuándo guardar silencio”. Ésa es la clave. Pensar lo que decimos antes de hablar nos ayudaría a no cometer errores de los cuales podemos arrepentirnos después. Aunque no es algo sencillo. Hay personas que por cultura o temperamento son tan rápidos con la lengua que no le dan ninguna oportunidad a su cerebro. Pensemos ante de hablar. Vale la pena el intento.
Señor, que yo pueda hablar, actuar y comportarme con un auténtico cristiano. Es lo que te pido en el nombre de Jesús. Amén.
Se ha ido ya una quinta parte del siglo XXI y no volverá más. Y, para asombro de todos, la pandemia del Covid-19 ha terminado con millares de vidas. ¿Qué hemos hecho para que la obra de Dios sea conocida en todos los rincones de la tierra? ¿Cómo hemos contribuido para que la Palabra de Dios esté a la disposición de las personas? Entiendo que nuestro día a día esté lleno de tareas, de compromisos que cumplir y cuentas qué pagar... pero ¿qué hemos hecho por la obra de Dios y por la divulgación de su evangelio? Vamos a reflexionar un poco sobre este tema con algunos pasajes que nos ayudarán a responder a esta pregunta: ¿Qué es lo que Dios espera de cada uno de nosotros? Nuestro deseo es que seamos identificados como predicadores del Evangelio de la Salvación, del mensaje de vida por medio de Cristo que un día llegó hasta nosotros
Edison Souza
Periodista y presbítero en La Iglesia Presbiteriana de Campinas São Paulo, Brasil