Salmo 121:3-6
EL QUE TE GUARDA NO DUERME
“No dará tu pie al resbaladero, Ni se dormirá el que te guarda”. Salmo 121:3
En este salmo el Señor es presentado como un centinela, un guardián que vela por nuestra seguridad. Como peregrinos en este mundo, atravesamos valles oscuros, cruzamos desiertos abrasadores y enfrentamos tormentas violentas. A nuestro alrededor hay peligros constantes y enemigos traicioneros. Sin un protector omnipotente que nunca duerma ni se descuide, seríamos completamente vulnerables.
Pero el Señor es nuestro guardador. Él es como una sombra a nuestra mano derecha. Es nuestro escudo y nuestra torre de salvación. En medio de la tormenta encontramos en Él un refugio seguro. Bajo sus alas hallamos protección, y es su mano poderosa la que nos sostiene aun cuando nuestras fuerzas se debilitan.
Por eso no podemos sostenernos confiando en nuestra propia capacidad o autosuficiencia. Dios es nuestro Creador y conoce cada detalle de nuestra vida. Él sabe que fuimos formados del polvo y que nuestra verdadera fortaleza no proviene de nuestros músculos, de nuestro conocimiento ni de nuestras riquezas. Nuestra seguridad está en el Señor. En Él estamos firmes. Con Él podemos incluso saltar muros (Sal. 18:29). Si Dios está con nosotros, nadie podrá prevalecer contra nosotros. Por eso, mientras avanzamos hacia la Jerusalén celestial, no temamos. El Señor camina con nosotros vigilando cada paso y asegurándose de que nuestros pies no resbalen.
Gracias Señor, por cuidar de mí en toda circunstancia y dirigir mis pasos. Sostenme con tu mano en mi andar diario y ayúdame a llegar a la gloria contigo. En Jesucristo, Amén.