Salmo 34
ROSTROS DE LUZ
“Los que miraron a él fueron alumbrados”. Hechos 1:8
Un discípulo triste es mala propaganda para Cristo. Jesús nos ha dicho del amor de Dios el Padre y de nuestra obediencia para que nuestro gozo esté presente y para que nuestro gozo sea “cumplido”. No cabe duda que esto nos prohíbe andar por el mundo con cara larga o triste.
Un rostro radiante es diferente a uno que refleja. Un espejo refleja: la luz brilla en el espejo y este la refleja. Una llama es radiante; el calor y la luz están en la llama y despiden calor y luz. Así es con el discípulo de Cristo. Sus actos son mas que un reflejo de Cristo; irradian y despiden energía desde adentro.
Cuídese que el mundo no vea mucho de usted. Su propio ser jamás causará impresión en el mundo. Dios quiere que usted despida rayos puros desde adentro; quiere que demuestre que Cristo habita en su interior: no ya el yo sino Cristo.
Hay quienes dicen “¡Ah, si el espíritu de Beethoven viviese en nosotros, qué músicos seríamos! ¡Si el espíritu de Einstein estuviese en nosotros, qué matemáticos seríamos! ¡Si el espíritu de Da Vinci estuviese en nosotros, qué inventores seríamos!”. Bueno, el hecho es que Cristo vive en nosotros: ¡qué gente santa deberíamos ser! “Así alumbre vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras, y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos” (Mateo 5:l6).
Amado Señor, danos lo necesario para emitir los rayos que demuestran a Cristo. Ayúdanos a ver tu rostro y luego tener un rostro semejante al tuyo. En el nombre de Jesucristo. Amén.