Isaías 40:28-31
CUANDO LA ADORACIÓN REQUIERE ESFUERZO
“Pero los que confían en el Señor tendrán siempre nuevas fuerzas…”
Isaías 40:31
Era muy temprano un domingo y la voz temblorosa de la mujer en el teléfono me contaba que su marido acababa de sufrir un derrame cerebrovascular. Llegué a tiempo para ver a los paramédicos cargándolo sobre una camilla para ponerlo en la ambulancia- un hombre “limpio de manos y puro de corazón” (Salmo 24:4), quien había estado con la iglesia desde su comienzo. Ese domingo por la mañana, la congregación se quedó en silencio atónito cuando les comuniqué lo que había pasado.
La recuperación de nuestro hermano tomó más de un año. Pero un domingo de Adviento, tres meses después de su derrame, hicimos arreglos para que él encendiera la vela de Adviento. Mientras caminaba lentamente hacia el frente, la congregación se quedó totalmente en silencio. Encendió la vela mientras una promesa familiar de recuperación fue leída en las Escrituras. Luego caminó lentamente hacia su asiento, ahora entendíamos mejor estas palabras antiguas.
Su recuperación física fue una señal del Shalom que Dios da a todos los que esperan en él. No siempre ocurre rápidamente. Pero cuando la congregación es dada una señal, como fuimos dados aquella mañana de Adviento, nuestras fuerzas son renovadas, y la verdadera adoración, la adoración a Dios, llega a ser tan natural como respirar.
Sanador Divino, entra en nuestros corazones. Muéstranos tu toque sanador y enciende el anhelo de nuestro corazón. Gracias por la congregación de mi iglesia. En Jesús, Amén.