21 de agosto del 2020
Salmo 96
LA ADORACIÓN PERTENECE A DIOS
“Den al Señor la honra que merece; entren a sus atrios con ofrendas”
Salmo 96:8
Cerca de nuestra iglesia hay un hogar para ancianos quienes están física y mentalmente discapacidades. Casi todos los domingos, nuestra iglesia tiene el honor de tener a varios de ellos en nuestro servicio de adoración. A veces la gente se pregunta si los residentes en verdad se benefician del culto, y a veces pensamos si los ruidos fuertes que algunos de ellos hacen molestan a los demás. Pero esas preguntas nos indican hasta qué punto es posible desviarse del verdadero propósito de la adoración.
Nuestra cultura consumista nos enseña a pensar que la adoración a Dios tiene que ver con nosotros mismos. Una gran “experiencia de adoración” es una que es conveniente y entretenida. Pero las Escrituras nos enseñan que la verdadera adoración no se trata de nosotros, sino de Dios. Es una adoración santa, celebrando su amor, y renovando nuestra relación con él. Dios, ante todo, es el que debe “sacar algo de ella” (nuestra adoración), y él es el único a quien debemos honrar.
El Salmo 96 nos llama (y a toda la creación) a “cantar al Señor” y “alabar su nombre.” Su presencia se refleja en todos los que vienen a adorarle. Dios nos llama a todos, y nosotros debemos dar la bienvenida a todos los que lo hacen. (Lucas 14:15-24; 18:15-17).
Querido Padre, eres digno de nuestra alabanza, nuestra devoción, nuestra obediencia y nuestro amor. Perdónanos si hemos sido mezquinos en invitar a otros, por quienes también oramos. Amén.