19 de junio del 2020
Mateo 8:23-27
JESÚS CALMA LA TEMPESTAD
“Y los hombres se maravillaron, diciendo: ¿Qué hombre es este, que aun los vientos y el mar le obedecen?”
Mateo 8:27  
Mientras los discípulos se encontraban perturbados y temerosos ante la tormenta que abatía la barca, Jesús se mantiene no solamente en calma sino incluso durmiendo.
Jesús sabía que su tiempo no había llegado para sufrir y morir por los hombres. Su momento se encontraba en la cruz del Gólgota, a las afueras de Jerusalén, no a bordo de una pequeña barca tambaleándose en el Mar de Galilea.
En su debilidad y temor, los discípulos acuden a Jesús exclamando: ¡Señor, sálvanos, que perecemos! Aunque a estas alturas en su relación con Cristo no comprenden a plenitud su identidad como Hijo de Dios, saben que Jesús es su única esperanza. Aquí, los vientos y el mar le obedecen. Esta fue una prueba irrefutable de su deidad.
Jesús no solo es Dios, pero como tal se ha acercado a los hombres para salvarlos. Este milagro apunta a ver a Cristo como el Salvador que puede calmar la tempestad de nuestra alma: La tormenta ocasionada por el oscuro pecado de nuestros malos pensamientos y acciones o el torbellino interno causado por el dolor con el que otros nos han afligido. Acude a Jesús, para que calme tu tormenta interna con su paz y que aclare tu alma con esperanza y amor.
Señor, tu eres Amo y Creador de todo lo visible e invisible. Calma mi alma con tu paz.