18 de junio del 2020
Mateo 8:5-13
JESÚS Y EL CENTURIÓN
“Señor, no soy digno de que entres bajo mi techo; solamente di la palabra, y mi criado sanará.”
Mateo 8:7-8
El centurión indudablemente se sintió inmerecido de que un maestro de la ley de Dios visitara la casa de un gentil, considerada impura ceremonialmente por los judíos. Humildemente, pero con certidumbre, el centurión se rehúsa a que Jesús atravesara por semejante inconveniente debido a su petición de intervención a favor de su siervo.
El oficial romano tenía obviamente suficiente fe para saber que Jesús podía sanar a su sirviente con solo decir una palabra. Este centurión entendió la autoridad de Jesús. Y Jesús reconoció su fe.
Algo además extraordinario es que Jesús escucha aquí a un gentil y a la vez, éste gentil acude a él con su fe depositada en el lugar correcto: en la persona de Jesús.
¡Qué ejemplo en las Escrituras del poder de las palabras de intercesión por otras personas en nuestras vidas! Jesús está dispuesto a escuchar las peticiones sinceras de quienes, aunque no lo merecen, acuden a él creyendo acertadamente que viene de Dios.
Jesús se maravilló ante la fe del centurión. Gozosa debe haber sido su respuesta y su deseo de sanar al siervo del soldado.
Jesús, gracias por atender nuestras oraciones por aquellos a quienes amamos y que están bajo nuestro cuidado o en nuestra área de influencia.