26 de abril del 2020
Apocalipsis 21:15-21
JERUSALÉN, RADIANTE Y ESPACIOSA
“El ángel que hablaba conmigo llevaba una caña de oro para medir la ciudad, sus puertas y su muralla”. Apocalipsis 21:15
El profeta nos lleva, por así decirlo, en un “tour” por la “Nueva Jerusalén”. La ciudad, además de ser “santa”, “procedente del cielo”, “preparada y adornada”, tiene dimensiones específicas, si bien, como algunos dicen, ellas sean solo una representación simbólica. El profesor Denver Sizemore, en su libro Joyas De La Doctrina Cristiana, dice esto: “El tamaño de la ciudad es gigantesco, 5 millones setecientos sesenta mil kilómetros cuadrados. Comparando, eso sería 20 veces más grande que Nueva Zelandia, y 10 veces más grande que Alemania.” Sizemore concluye: “Obviamente, nuestro Dios espera que una gran multitud llegue a casa”. Juan dice que también tiene muros, cimientos, puertas, calles, ríos, luces. Lo que no habrá en esa ciudad santa son templos. Apocalipsis 21:22 dice: “No vi ningún santuario en la ciudad, porque el Señor, el Dios todopoderoso, es su santuario, y también el Cordero.” Tales cosas como altares, templos, el bautismo, son recordatorios o maneras de adorar a Dios, y en el cielo no habrá necesidad de tales recordatorios o substitutos, ya que tendremos a Jesucristo, y podremos adorarle cara a cara, y por toda la eternidad: “El trono de Dios y del Cordero estará en la ciudad, y sus siervos lo adorarán. Lo verán cara a cara… y ellos reinarán por todos los siglos” (Apocalipsis 22:3 al 5).
Jesús, mi Señor y Salvador, en vista de lo que me espera, te pido me sigas preparando, y separando de todo lo que me distrae de ti, lo ruego en tu nombre, amén.