27 de abril del 2020
Juan 14:1-7
VOY PARA CASA
“Tu bondad y tu amor me acompañan a lo largo de mis días, y en tu casa, oh, Señor, por siempre viviré”.
Salmo 23:6
Otra descripción que la Biblia que hace de este sublime lugar llamado cielos es el de “la casa del Padre”. Esta descripción es muy personal. Fue el término que Jesús usó para consolar a sus discípulos en esa noche en que estaban tristes y perturbados (Juan 14:1 al 3). La Palabra de Dios nos describe como peregrinos y extranjeros en esta tierra. Es en la Casa del Padre que, por fin, los cristianos estaremos en casa, la peregrinación se acabará, y al fin veremos su rostro. Esta descripción es la más cálida, tierna, amorosa y personal. Es muy probable que usted encuentre difícil relacionarse con la palabra “país” o “ciudad” debido a que el concepto que tenemos de nuestros países no es en ocasiones nada grato, pues están desgarrados por la violencia, las guerras, la corrupción y la avaricia de un puñado de ambiciosos y egoístas hombres de poder. Pero sí, todos podemos relacionarnos con “el hogar”, pues despierta en nosotros emociones que nos recuerdan el lugar donde crecimos, gozando la grata compañía de padres, hermanos y hermanas, y otros seres queridos. De ahí que, la muerte del cristiano significa ir a reunirse con sus seres queridos, donde ya no habrá separación. Sobre todo, celebrará la reunión con su Padre de la gloria, que le amó tanto, que envió a su Hijo amado al mundo para salvarle.
Padre glorioso, perdóname porque muy a menudo me he aferrado a las cosas de este mundo, cuando la realeza del hogar eterno es lo que debería buscar. En el nombre de Jesús, amén.