Juan 6:60-71
DESERTANDO
“¿También ustedes quieren irse? Simón Pedro le contestó: Señor, ¿a quién podemos ir?”Juan 6:67-68
Jesús es más que un hacedor de milagros. No todo diálogo era ameno. Cuando desafía al pueblo, llama a sus discípulos a la responsabilidad y profundiza en las enseñanzas. Muchos seguidores reaccionan: “Esto que dice es muy difícil de aceptar; ¿quién puede hacerle caso?” ¿Difícil cómo? Requiere una respuesta de fe. Requiere una nueva era ofrecido por Dios a la humanidad. “¿Qué pasaría entonces, si vieran al Hijo del hombre subir a donde antes estaba?” Fácil. “Muchos de los que habían seguido a Jesús lo dejaron.”Jesús pregunta a los doce si se van a alejar también. Interesante. Jesús deja a las personas libres para decidir si lo van a seguir o no. Invita a todos. Ama al mundo entero. Reconoce que algunas semillas que lanza no tienen raíz y desisten cuando vienen las dificultades y otras son sofocadas o seducidas por el mundo. Hay mucha gente que entra en la iglesia, pero se aleja por innumerables motivos.Pedro, pregunta: “Señor, ¿a quién podemos ir? Tus palabras son palabras de vida eterna.” No vale la pena recorrer otro camino, buscar otra verdad, construir otra vida. Es obvio que no hay otro para llenar el vacío dentro de nosotros. Sin comprender todo, con nuestros defectos, dudas y limitaciones, es mejor seguir a Jesús. ¿Qué somos sin Jesús? Nada. Nada.
“Señor, ¿a quién podemos ir? Tus palabras son palabras de vida eterna.” No vale la pena recorrer otro camino, buscar otra verdad, construir otra vida.