Génesis 49:1-12
HERENCIA GLORIOSA
“No será quitado el cetro de Judá, ni el legislador de entre sus pies, hasta que venga Siloh” Génesis 49:10.

Herencia. Si ha recibido alguna, quizá en este momento esté sonriendo. Aunque también hay casos en los que alguien no queda satisfecho con la parte que ha recibido. Jacob lo sabía por experiencia. Cuando su padre iba a dar su bendición, él usurpó el lugar de su hermano gemelo para poder obtenerla. Como resultado, ambos hermanos estuvieron distanciados por largo tiempo. Ahora esa bendición estaba en juego entre sus doce hijos, y no podía quedar a la deriva. Tampoco podía ir a manos impropias. ¿Qué estaba en juego en esa bendición especial? Muchas cosas, pero, sobre todo, portar el linaje del futuro redentor y rey del mundo. Jacob tenía sus razones para pasar por alto a sus hijos mayores. Fue Judá, su cuarto hijo, quien recibió el privilegio de continuar ese linaje mesiánico. Judá en realidad no era mejor que sus hermanos. No sabemos siquiera si él estuviera ansioso por recibir esta bendición. Pero la gracia de Dios funciona de maneras inesperadas, eligiendo muchas veces contrario a lo que dicta la lógica humana. Y cada uno de nosotros puede testificar de la bondad divina al elegirnos para ser parte de su pueblo. Por eso debemos apreciar que Dios nos haya aceptado en Cristo, el león de la tribu de Judá. Y podemos sonreír con gozo, porque con él compartimos la herencia gloriosa del pueblo de Dios.

Señor, te bendecimos por tu bondad constante, y porque en Cristo compartes tus bendiciones maravillosas con tus hijos. Por Jesucristo, Amén.
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