31 de octubre del 2026
Apocalipsis 7:9-17
LA MULTITUD DELANTE DEL CORDERO
“…y he aquí una gran multitud, la cual nadie podía contar, de todas naciones y tribus y pueblos y lenguas, que estaban delante del trono y en la presencia del Cordero…” Apocalipsis 7:9
No hay reunión humana que pueda compararse con la que Juan contempla delante del trono de Dios. Era una multitud tan grande que nadie podía contarla: personas «de todas naciones y tribus y pueblos y lenguas». La historia que comenzó con pueblos dispersos termina con pueblos reunidos. Las lenguas que en Babel se convirtieron en motivo de separación ahora se escuchan delante del mismo trono. Las diferencias no han desaparecido, pero ya no los separan. Y lo más importante no es solamente quiénes están allí, sino por qué están allí. Todos están delante del Cordero. No llegaron por pertenecer a una nación privilegiada, por hablar determinada lengua o por sus propios méritos. Unos versículos después se nos dice que han lavado sus ropas en la sangre del Cordero. Todos están allí por la misma razón: fueron alcanzados por la gracia de Cristo. En el presente todavía hay pueblos que necesitan escuchar, personas que necesitan ser alcanzadas y lenguas en las que el nombre de Jesús necesita seguir siendo proclamado. Un día estaremos allí. Y qué hermoso será descubrir rostros y escuchar lenguas de pueblos que quizá ni siquiera conocimos en esta vida. Pero quizá será todavía más emocionante encontrar entre aquella multitud personas de nuestra familia, nuestra comunidad y nuestro pueblo, celebrando con nosotros la salvación del Cordero.
Padre, gracias por revelarnos el gran regocijo que experimentaremos los redimidos al estar en tu presencia. Ayúdanos a vivir en esta esperanza bienaventurada. En Cristo, Amén.
Basta mirar alrededor para descubrir cuánto nos parecemos y, al mismo tiempo, cuántas cosas nos separan. Compartimos las mismas necesidades, alegrías y temores, pero hablamos diferentes idiomas, pertenecemos a distintas culturas y hemos aprendido a identificarnos por nuestra nacionalidad, color de piel, condición social y muchas otras diferencias. Algunas enriquecen nuestra convivencia; otras las hemos convertido en muros que alimentan el prejuicio, la discriminación y hasta la violencia. ¿Era este el propósito de Dios para la humanidad? Durante este mes recorreremos la Biblia buscando una respuesta. Comenzaremos en Génesis, donde descubriremos que todos llevamos la imagen del mismo Creador, y seguiremos la historia de una humanidad que el pecado dividió, pero que Dios nunca dejó de amar. Veremos su promesa de bendecir a todas las familias de la tierra, encontraremos extranjeros recibiendo su gracia y acompañaremos a Jesús mientras cruza las barreras que separaban a las personas. Finalmente llegaremos hasta aquella extraordinaria visión de Apocalipsis: una multitud “de todas naciones y tribus y pueblos y lenguas” reunida delante del Cordero. De un solo origen venimos, el pecado nos dispersó, la gracia nos alcanzó y Cristo nos está reuniendo.
Huascar de la Cruz
Es casado y tiene cuatro hijos. Ha sido pastor en México por largo tiempo, y en la actualidad funge como el director del Ministerio Reforma.