Efesios 2:11-22
EL MURO QUE CRISTO DERRIBÓ
“Porque él es nuestra paz, que de ambos pueblos hizo uno, derribando la pared intermedia de separación”. Efesios 2:14
Cuando cayó el Muro de Berlín hace algunas décadas, buena parte del mundo respiró aliviada. Parecía terminar una época marcada por la Guerra Fría, familias separadas y pueblos divididos por profundas diferencias políticas. Y, sin duda, muchas cosas cambiaron. Pero basta mirar los conflictos de nuestro tiempo para descubrir que derribar un muro de concreto no necesariamente derriba los muros que levantamos en el corazón.
Pablo habla de una pared mucho más profunda que también fue derribada. Durante siglos, judíos y gentiles habían vivido separados por enormes diferencias religiosas, culturales y sociales. Parecía imposible imaginar a ambos formando parte del mismo pueblo. Pero entonces vino Cristo. Pablo no dice que Jesús simplemente abrió una puerta en aquella pared para permitirnos pasar de vez en cuando. Dice que la derribó. Por medio de su muerte, Cristo reconcilió con Dios a quienes estaban separados de Él y comenzó a reconciliarlos también entre sí.
Y esa nueva realidad debe hacerse visible en la iglesia. Los creyentes en Cristo están llamados a mostrarle a un mundo dividido que otra clase de comunidad es posible: personas diferentes, reconciliadas con Dios y aprendiendo a vivir reconciliadas entre sí. Cristo no murió para ayudarnos a convivir a cada lado del muro. Murió para derribarlo y hacernos un solo pueblo.
Padre nuestro, ayúdanos a reconocer que el muro de separación entre tus hijos ha sido derribado. Ayúdanos también a vivir en la paz de Cristo los unos con los otros. En Jesús, Amén.