1 Corintios 12:12-18
UN SOLO CUERPO
“Y si dijere la oreja: Porque no soy ojo, no soy del cuerpo, ¿por eso no será del cuerpo?”. 1 Corintios 12:16
¡Qué bueno que las orejas no hablan! Con todo lo que escuchan podrían meternos en serios problemas. Y, pensándolo bien, tampoco necesitamos que hagan otra cosa. Las apreciamos por lo que pueden hacer, no por aquello que no pueden hacer. ¿Se imagina entonces qué ocurriría si las distintas partes de nuestro cuerpo comenzaran a compararse entre ellas?
Pablo utiliza esta imagen para hablar de la iglesia. Y tiene mucho sentido. El evangelio había comenzado a reunir en una misma comunidad a personas muy diferentes: judíos y gentiles, esclavos y libres, personas con distintos trasfondos, capacidades y funciones. El desafío ahora era aprender no solamente a estar juntos, sino a valorarse unos a otros en medio de sus diferencias.
Ese desafío continúa. Como miembros del cuerpo de Cristo podemos mirar a otros, comparar sus capacidades con las nuestras y concluir que tenemos poco que aportar. O podemos pensar que quienes son diferentes a nosotros tienen menos valor. Dios piensa de otra manera. Él no está formando una iglesia donde todos sean iguales, sino un cuerpo donde personas diferentes pertenecen al mismo Señor y se necesitan mutuamente. No necesitas convertirte en otra persona para encontrar tu lugar. Dios te ha incorporado al cuerpo y te ha dado capacidades que puedes poner al servicio de los demás.
Señor, ayúdame a descubrir mi lugar en tu iglesia, y a hacerlo con alegría aun si no es algo vistoso. En Jesús te lo pido, amén.