28 de octubre del 2026
1 Corintios 12:12-18
UN SOLO CUERPO
“Y si dijere la oreja: Porque no soy ojo, no soy del cuerpo, ¿por eso no será del cuerpo?”. 1 Corintios 12:16
¡Qué bueno que las orejas no hablan! Con todo lo que escuchan podrían meternos en serios problemas. Y, pensándolo bien, tampoco necesitamos que hagan otra cosa. Las apreciamos por lo que pueden hacer, no por aquello que no pueden hacer. ¿Se imagina entonces qué ocurriría si las distintas partes de nuestro cuerpo comenzaran a compararse entre ellas? Pablo utiliza esta imagen para hablar de la iglesia. Y tiene mucho sentido. El evangelio había comenzado a reunir en una misma comunidad a personas muy diferentes: judíos y gentiles, esclavos y libres, personas con distintos trasfondos, capacidades y funciones. El desafío ahora era aprender no solamente a estar juntos, sino a valorarse unos a otros en medio de sus diferencias. Ese desafío continúa. Como miembros del cuerpo de Cristo podemos mirar a otros, comparar sus capacidades con las nuestras y concluir que tenemos poco que aportar. O podemos pensar que quienes son diferentes a nosotros tienen menos valor. Dios piensa de otra manera. Él no está formando una iglesia donde todos sean iguales, sino un cuerpo donde personas diferentes pertenecen al mismo Señor y se necesitan mutuamente. No necesitas convertirte en otra persona para encontrar tu lugar. Dios te ha incorporado al cuerpo y te ha dado capacidades que puedes poner al servicio de los demás.
Señor, ayúdame a descubrir mi lugar en tu iglesia, y a hacerlo con alegría aun si no es algo vistoso. En Jesús te lo pido, amén.
Basta mirar alrededor para descubrir cuánto nos parecemos y, al mismo tiempo, cuántas cosas nos separan. Compartimos las mismas necesidades, alegrías y temores, pero hablamos diferentes idiomas, pertenecemos a distintas culturas y hemos aprendido a identificarnos por nuestra nacionalidad, color de piel, condición social y muchas otras diferencias. Algunas enriquecen nuestra convivencia; otras las hemos convertido en muros que alimentan el prejuicio, la discriminación y hasta la violencia. ¿Era este el propósito de Dios para la humanidad? Durante este mes recorreremos la Biblia buscando una respuesta. Comenzaremos en Génesis, donde descubriremos que todos llevamos la imagen del mismo Creador, y seguiremos la historia de una humanidad que el pecado dividió, pero que Dios nunca dejó de amar. Veremos su promesa de bendecir a todas las familias de la tierra, encontraremos extranjeros recibiendo su gracia y acompañaremos a Jesús mientras cruza las barreras que separaban a las personas. Finalmente llegaremos hasta aquella extraordinaria visión de Apocalipsis: una multitud “de todas naciones y tribus y pueblos y lenguas” reunida delante del Cordero. De un solo origen venimos, el pecado nos dispersó, la gracia nos alcanzó y Cristo nos está reuniendo.
Huascar de la Cruz
Es casado y tiene cuatro hijos. Ha sido pastor en México por largo tiempo, y en la actualidad funge como el director del Ministerio Reforma.