26 de octubre del 2026
Mateo 28:16-20
A TODAS LAS NACIONES
“Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo”. Mateo 28:19
Al escuchar estas palabras tal vez nos sintamos tan abrumados como debieron sentirse los primeros discípulos. Ellos no contaban con aviones, GPS ni mapas satelitales. Viajar era lento, costoso y peligroso. ¿Cómo podía un pequeño grupo de discípulos llevar el evangelio a todas las naciones? Pero quizá la parte más difícil de la tarea no estaba en las distancias, sino en aquellas palabras: «haced discípulos». Porque Jesús no les pidió simplemente conseguir oyentes, simpatizantes o personas que alguna vez levantaran la mano diciendo que creían. Un discípulo es alguien que aprende a seguir a Jesús, somete su vida a Él y comienza a vivir de acuerdo con sus enseñanzas. Y eso requiere tiempo, paciencia y compromiso. Pero Jesús no envió solos a aquellos hombres. Los mandó a bautizar en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, y terminó con una promesa capaz de sostenerlos frente a semejante desafío: «Yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo». El evangelio cruzó fronteras, aprendió nuevos idiomas y llegó también hasta nosotros. Ahora nos corresponde continuar. Quizá nunca viajemos al otro lado del mundo, pero seguramente hay alguien cerca de nosotros a quien podemos ayudar a conocer y seguir a Jesús. La misión alcanza a todas las naciones, pero siempre comienza con el siguiente discípulo.
Señor Jesús, quiero dar mi tiempo, ejercer paciencia y comprometerme a hacer discípulos. Ayúdame a confiar en la promesa de que en esta tarea estarás conmigo. Amén.
Basta mirar alrededor para descubrir cuánto nos parecemos y, al mismo tiempo, cuántas cosas nos separan. Compartimos las mismas necesidades, alegrías y temores, pero hablamos diferentes idiomas, pertenecemos a distintas culturas y hemos aprendido a identificarnos por nuestra nacionalidad, color de piel, condición social y muchas otras diferencias. Algunas enriquecen nuestra convivencia; otras las hemos convertido en muros que alimentan el prejuicio, la discriminación y hasta la violencia. ¿Era este el propósito de Dios para la humanidad? Durante este mes recorreremos la Biblia buscando una respuesta. Comenzaremos en Génesis, donde descubriremos que todos llevamos la imagen del mismo Creador, y seguiremos la historia de una humanidad que el pecado dividió, pero que Dios nunca dejó de amar. Veremos su promesa de bendecir a todas las familias de la tierra, encontraremos extranjeros recibiendo su gracia y acompañaremos a Jesús mientras cruza las barreras que separaban a las personas. Finalmente llegaremos hasta aquella extraordinaria visión de Apocalipsis: una multitud “de todas naciones y tribus y pueblos y lenguas” reunida delante del Cordero. De un solo origen venimos, el pecado nos dispersó, la gracia nos alcanzó y Cristo nos está reuniendo.
Huascar de la Cruz
Es casado y tiene cuatro hijos. Ha sido pastor en México por largo tiempo, y en la actualidad funge como el director del Ministerio Reforma.