27 de octubre del 2026
Hechos 2:1-13
EL EVANGELIO EN MUCHAS LENGUAS
“Mirad, ¿no son galileos todos estos que hablan? ¿Cómo, pues, les oímos nosotros hablar cada uno en nuestra lengua en la que hemos nacido?”. Hechos 2:7-8
Cuando nos relacionamos con personas de otra cultura, el idioma puede convertirse fácilmente en una barrera. Las palabras pueden acercarnos, pero también pueden separarnos. Por eso resulta tan hermosa la escena de Pentecostés. Jerusalén estaba llena de personas procedentes de diferentes lugares y hablando distintas lenguas. De pronto comenzaron a escuchar a los discípulos proclamando las maravillas de Dios, y sorprendidos preguntaban: «¿Cómo, pues, les oímos nosotros hablar cada uno en nuestra lengua en la que hemos nacido?». Dios pudo haber hecho que todos hablaran una misma lengua. Pero no lo hizo. Hizo que cada uno escuchara el mismo evangelio en su propia lengua. En Babel, la diversidad de lenguas había terminado en incomprensión y dispersión. En Pentecostés las lenguas siguen siendo diferentes, pero ahora personas de distintos pueblos pueden escuchar juntas las maravillas de Dios. Eso nos enseña algo acerca del corazón del evangelio. Dios no nos pide que dejemos nuestra lengua, cultura o procedencia en la puerta para poder acercarnos a Él. Lo he comprobado al encontrarme con cristianos de otras culturas. Quizá batallamos para encontrar las palabras adecuadas y algunas expresiones se pierden en la traducción, pero pronto descubrimos algo que nos une: todos hemos conocido a la Palabra que se hizo carne, Jesucristo.
Dios soberano, gracias por habernos capacitado con diferentes dones para proclamar tu palabra a otros. Ayúdanos a proclamar el evangelio encarnado. En quien oramos, Amén.
Basta mirar alrededor para descubrir cuánto nos parecemos y, al mismo tiempo, cuántas cosas nos separan. Compartimos las mismas necesidades, alegrías y temores, pero hablamos diferentes idiomas, pertenecemos a distintas culturas y hemos aprendido a identificarnos por nuestra nacionalidad, color de piel, condición social y muchas otras diferencias. Algunas enriquecen nuestra convivencia; otras las hemos convertido en muros que alimentan el prejuicio, la discriminación y hasta la violencia. ¿Era este el propósito de Dios para la humanidad? Durante este mes recorreremos la Biblia buscando una respuesta. Comenzaremos en Génesis, donde descubriremos que todos llevamos la imagen del mismo Creador, y seguiremos la historia de una humanidad que el pecado dividió, pero que Dios nunca dejó de amar. Veremos su promesa de bendecir a todas las familias de la tierra, encontraremos extranjeros recibiendo su gracia y acompañaremos a Jesús mientras cruza las barreras que separaban a las personas. Finalmente llegaremos hasta aquella extraordinaria visión de Apocalipsis: una multitud “de todas naciones y tribus y pueblos y lenguas” reunida delante del Cordero. De un solo origen venimos, el pecado nos dispersó, la gracia nos alcanzó y Cristo nos está reuniendo.
Huascar de la Cruz
Es casado y tiene cuatro hijos. Ha sido pastor en México por largo tiempo, y en la actualidad funge como el director del Ministerio Reforma.