Hechos 2:1-13
EL EVANGELIO EN MUCHAS LENGUAS
“Mirad, ¿no son galileos todos estos que hablan? ¿Cómo, pues, les oímos nosotros hablar cada uno en nuestra lengua en la que hemos nacido?”. Hechos 2:7-8
Cuando nos relacionamos con personas de otra cultura, el idioma puede convertirse fácilmente en una barrera. Las palabras pueden acercarnos, pero también pueden separarnos. Por eso resulta tan hermosa la escena de Pentecostés. Jerusalén estaba llena de personas procedentes de diferentes lugares y hablando distintas lenguas. De pronto comenzaron a escuchar a los discípulos proclamando las maravillas de Dios, y sorprendidos preguntaban: «¿Cómo, pues, les oímos nosotros hablar cada uno en nuestra lengua en la que hemos nacido?».
Dios pudo haber hecho que todos hablaran una misma lengua. Pero no lo hizo. Hizo que cada uno escuchara el mismo evangelio en su propia lengua. En Babel, la diversidad de lenguas había terminado en incomprensión y dispersión. En Pentecostés las lenguas siguen siendo diferentes, pero ahora personas de distintos pueblos pueden escuchar juntas las maravillas de Dios.
Eso nos enseña algo acerca del corazón del evangelio. Dios no nos pide que dejemos nuestra lengua, cultura o procedencia en la puerta para poder acercarnos a Él. Lo he comprobado al encontrarme con cristianos de otras culturas. Quizá batallamos para encontrar las palabras adecuadas y algunas expresiones se pierden en la traducción, pero pronto descubrimos algo que nos une: todos hemos conocido a la Palabra que se hizo carne, Jesucristo.
Dios soberano, gracias por habernos capacitado con diferentes dones para proclamar tu palabra a otros. Ayúdanos a proclamar el evangelio encarnado. En quien oramos, Amén.