Mateo 28:16-20
A TODAS LAS NACIONES
“Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo”. Mateo 28:19
Al escuchar estas palabras tal vez nos sintamos tan abrumados como debieron sentirse los primeros discípulos. Ellos no contaban con aviones, GPS ni mapas satelitales. Viajar era lento, costoso y peligroso. ¿Cómo podía un pequeño grupo de discípulos llevar el evangelio a todas las naciones?
Pero quizá la parte más difícil de la tarea no estaba en las distancias, sino en aquellas palabras: «haced discípulos». Porque Jesús no les pidió simplemente conseguir oyentes, simpatizantes o personas que alguna vez levantaran la mano diciendo que creían. Un discípulo es alguien que aprende a seguir a Jesús, somete su vida a Él y comienza a vivir de acuerdo con sus enseñanzas. Y eso requiere tiempo, paciencia y compromiso.
Pero Jesús no envió solos a aquellos hombres. Los mandó a bautizar en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, y terminó con una promesa capaz de sostenerlos frente a semejante desafío: «Yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo». El evangelio cruzó fronteras, aprendió nuevos idiomas y llegó también hasta nosotros. Ahora nos corresponde continuar. Quizá nunca viajemos al otro lado del mundo, pero seguramente hay alguien cerca de nosotros a quien podemos ayudar a conocer y seguir a Jesús. La misión alcanza a todas las naciones, pero siempre comienza con el siguiente discípulo.
Señor Jesús, quiero dar mi tiempo, ejercer paciencia y comprometerme a hacer discípulos. Ayúdame a confiar en la promesa de que en esta tarea estarás conmigo. Amén.