18 de octubre del 2026
Salmo 67:1-7
BENDECIDOS PARA BENDECIR
“Haga resplandecer su rostro sobre nosotros; para que sea conocido en la tierra tu camino, en todas las naciones tu salvación”. Salmo 67:1-2
Mucha gente se reúne para adorar a Dios en las iglesias un día como hoy. ¡Y qué bendición es poder hacerlo libremente, sin las amenazas y peligros que enfrentan muchos hermanos nuestros en otras partes del mundo! Algunos viven bajo leyes que restringen su fe, otros corren el riesgo de ir a prisión y algunos hasta ponen en peligro su vida por confesar a Cristo. Pero ¿se ha puesto a pensar que hubo un tiempo cuando ver a personas de todas las naciones adorando al Dios verdadero era apenas un anhelo y una oración en medio de un pequeño pueblo? En Israel había quienes entendían claramente que Dios no era solamente el Dios de ellos. Por eso el salmista pedía: “Haga resplandecer su rostro sobre nosotros”, y enseguida añadía: “para que”. Quería la bendición de Dios para que otros pueblos también conocieran sus caminos y experimentaran su salvación. Siglos después, nosotros somos parte de la respuesta a aquella oración. Pertenecemos a pueblos que entonces estaban lejos, pero el evangelio llegó hasta nosotros y hoy podemos unir nuestras voces para adorar al mismo Dios. También nosotros podemos acostumbrarnos a pedir: Bendícenos para que otros te conozcan. Prospera tu iglesia para que el evangelio llegue más lejos. Haz resplandecer tu rostro sobre nosotros para que las naciones conozcan tu salvación.
Dios nuestro, bendice tu iglesia y dale fortaleza para llevar el mensaje de tu Palabra a más pueblos y naciones. Ayúdanos a compartir el mensaje de salvación a donde vayamos. En Jesús, Amén.
Basta mirar alrededor para descubrir cuánto nos parecemos y, al mismo tiempo, cuántas cosas nos separan. Compartimos las mismas necesidades, alegrías y temores, pero hablamos diferentes idiomas, pertenecemos a distintas culturas y hemos aprendido a identificarnos por nuestra nacionalidad, color de piel, condición social y muchas otras diferencias. Algunas enriquecen nuestra convivencia; otras las hemos convertido en muros que alimentan el prejuicio, la discriminación y hasta la violencia. ¿Era este el propósito de Dios para la humanidad? Durante este mes recorreremos la Biblia buscando una respuesta. Comenzaremos en Génesis, donde descubriremos que todos llevamos la imagen del mismo Creador, y seguiremos la historia de una humanidad que el pecado dividió, pero que Dios nunca dejó de amar. Veremos su promesa de bendecir a todas las familias de la tierra, encontraremos extranjeros recibiendo su gracia y acompañaremos a Jesús mientras cruza las barreras que separaban a las personas. Finalmente llegaremos hasta aquella extraordinaria visión de Apocalipsis: una multitud “de todas naciones y tribus y pueblos y lenguas” reunida delante del Cordero. De un solo origen venimos, el pecado nos dispersó, la gracia nos alcanzó y Cristo nos está reuniendo.
Huascar de la Cruz
Es casado y tiene cuatro hijos. Ha sido pastor en México por largo tiempo, y en la actualidad funge como el director del Ministerio Reforma.