17 de octubre del 2026
Rut 1:1-22
UNA MOABITA EN LA HISTORIA DE LA REDENCIÓN
“…porque a dondequiera que tú fueres, iré yo, y dondequiera que vivieres, viviré. Tu pueblo será mi pueblo, y tu Dios mi Dios”. Rut 1:16
Rut tenía muchas razones para volver a su pueblo: era viuda, joven y extranjera. Noemí incluso había insistido en que volviera a Moab, a su familia y a sus dioses. Humanamente parecía lo más razonable. Pero Rut había tomado una decisión sorprendente: “Tu pueblo será mi pueblo, y tu Dios mi Dios”. Estas palabras cobran todavía mayor fuerza cuando recordamos quién las pronuncia. Rut no había nacido entre el pueblo del pacto y provenía de una nación que tenía una historia difícil con los israelitas. Sin embargo, decidió dejar atrás su tierra y poner su confianza en el Dios de Israel. Y Dios le abrió un lugar entre su pueblo. La historia de Rut nos recuerda que el propósito de Dios nunca estuvo limitado por fronteras, nacionalidades o diferencias étnicas. Mucho antes de que el evangelio comenzara a extenderse por todo el mundo, encontramos en el Antiguo Testamento a extranjeros como Rut acercándose por la fe y siendo recibidos dentro del pueblo de Dios. Pero hay algo todavía más sorprendente. Rut llegó a formar parte de la familia de David y, muchos siglos después, su nombre aparecería en la genealogía de Jesucristo. Una extranjera terminó formando parte de la historia por medio de la cual Dios traería al Salvador del mundo. Rut llegó como extranjera, pero la gracia le dio un pueblo, un Dios y un lugar en la historia de la salvación.
Tu gracia no conoce fronteras, buen Dios. Gracias por hacernos parte de tu pueblo escogido. Ayúdanos a aceptar tu voluntad para nosotros y a confiar en tus planes. Por Cristo, Amén.
Basta mirar alrededor para descubrir cuánto nos parecemos y, al mismo tiempo, cuántas cosas nos separan. Compartimos las mismas necesidades, alegrías y temores, pero hablamos diferentes idiomas, pertenecemos a distintas culturas y hemos aprendido a identificarnos por nuestra nacionalidad, color de piel, condición social y muchas otras diferencias. Algunas enriquecen nuestra convivencia; otras las hemos convertido en muros que alimentan el prejuicio, la discriminación y hasta la violencia. ¿Era este el propósito de Dios para la humanidad? Durante este mes recorreremos la Biblia buscando una respuesta. Comenzaremos en Génesis, donde descubriremos que todos llevamos la imagen del mismo Creador, y seguiremos la historia de una humanidad que el pecado dividió, pero que Dios nunca dejó de amar. Veremos su promesa de bendecir a todas las familias de la tierra, encontraremos extranjeros recibiendo su gracia y acompañaremos a Jesús mientras cruza las barreras que separaban a las personas. Finalmente llegaremos hasta aquella extraordinaria visión de Apocalipsis: una multitud “de todas naciones y tribus y pueblos y lenguas” reunida delante del Cordero. De un solo origen venimos, el pecado nos dispersó, la gracia nos alcanzó y Cristo nos está reuniendo.
Huascar de la Cruz
Es casado y tiene cuatro hijos. Ha sido pastor en México por largo tiempo, y en la actualidad funge como el director del Ministerio Reforma.