Rut 1:1-22
UNA MOABITA EN LA HISTORIA DE LA REDENCIÓN
“…porque a dondequiera que tú fueres, iré yo, y dondequiera que vivieres, viviré. Tu pueblo será mi pueblo, y tu Dios mi Dios”. Rut 1:16
Rut tenía muchas razones para volver a su pueblo: era viuda, joven y extranjera. Noemí incluso había insistido en que volviera a Moab, a su familia y a sus dioses. Humanamente parecía lo más razonable. Pero Rut había tomado una decisión sorprendente: “Tu pueblo será mi pueblo, y tu Dios mi Dios”.
Estas palabras cobran todavía mayor fuerza cuando recordamos quién las pronuncia. Rut no había nacido entre el pueblo del pacto y provenía de una nación que tenía una historia difícil con los israelitas. Sin embargo, decidió dejar atrás su tierra y poner su confianza en el Dios de Israel. Y Dios le abrió un lugar entre su pueblo.
La historia de Rut nos recuerda que el propósito de Dios nunca estuvo limitado por fronteras, nacionalidades o diferencias étnicas. Mucho antes de que el evangelio comenzara a extenderse por todo el mundo, encontramos en el Antiguo Testamento a extranjeros como Rut acercándose por la fe y siendo recibidos dentro del pueblo de Dios. Pero hay algo todavía más sorprendente. Rut llegó a formar parte de la familia de David y, muchos siglos después, su nombre aparecería en la genealogía de Jesucristo. Una extranjera terminó formando parte de la historia por medio de la cual Dios traería al Salvador del mundo. Rut llegó como extranjera, pero la gracia le dio un pueblo, un Dios y un lugar en la historia de la salvación.
Tu gracia no conoce fronteras, buen Dios. Gracias por hacernos parte de tu pueblo escogido. Ayúdanos a aceptar tu voluntad para nosotros y a confiar en tus planes. Por Cristo, Amén.