Éxodo 40:17-34
ANHELO DE BELLEZA, COLMADO POR DIOS
“Entonces una nube cubrió el tabernáculo de reunión, y la gloria de Jehová llenó el tabernáculo”. Éxodo 40:34
Hemos sido creados con un profundo deseo de belleza. Ese deseo se despierta cuando contemplamos una hermosa puesta de sol, escuchamos una pieza musical inspiradora, o disfrutamos una comida que deleita nuestro paladar. Sin embargo, ninguna de esas experiencias puede satisfacer plenamente nuestro corazón. La belleza siempre nos señala hacia su fuente última: ¡Dios mismo!
Dios ha dispuesto diversas maneras de enseñarnos a reconocer y apreciar su belleza. Cuando su pueblo peregrinaba por el desierto, les reveló su gloria de una manera que debió dejarlos maravillados. El Creador de todo lo bueno y justo decidió habitar en medio de ellos. El tabernáculo, una especie de templo portátil, fue diseñado cuidadosamente para albergar la manifestación de su presencia. Y el libro de Levítico nos enseña cómo debía acercarse el pueblo a ese Dios santo y glorioso.
Muchos siglos después, la presencia de Dios se manifestó de nuevo a través de Jesús, el Hijo de Dios, quien vino y, literalmente, “puso su tabernáculo entre nosotros” (Juan 1:14). Él vino para salvarnos del pecado y darnos una vida nueva, de modo que pudiéramos disfrutar para siempre de la alegría de vivir en comunión con Dios. Por la fe en Cristo, encontramos aquello que puede llenar los anhelos más profundos de nuestro corazón: una relación restaurada con el Dios para quien fuimos creados.
Glorioso Dios, gracias por la belleza de tu amor, de tu salvación y nueva vida en Cristo. En su nombre oramos, Amén.