Hechos 1:6-11
UN REGALO PARA COMPARTIR
“…y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra”. Hechos 1:8
A veces alguien recibe un regalo valioso… pero no sabe bien qué hacer con él. En una ocasión, a una persona le regalaron raciones de comida liofilizada del ejército. Pensó guardarlas “para cuando fueran necesarias”. Las puso en un armario y allí permanecieron durante años, esperando el momento indicado… que nunca llegó. Finalmente, un día se deshizo de ellas sin siquiera haberlas abierto.
El regalo que Jesús da a su pueblo no es algo para guardar y olvidar. Él da a sus seguidores el Espíritu Santo, y también les muestra claramente para qué es ese regalo. Jesús dijo a sus discípulos que serían sus testigos en Jerusalén, en Judea, en Samaria y hasta los confines de la tierra. Para ellos esos lugares tenían un significado muy concreto. Jerusalén era donde vivían. Judea era la región cercana, con gente parecida a ellos. Samaria era el territorio vecino, donde vivían personas de otra cultura. Y más allá estaban las naciones lejanas.
El Espíritu Santo los enviaría a todos esos lugares para anunciar las buenas noticias de Jesús. Ese mismo regalo ha sido dado también a los creyentes hoy. La pregunta es sencilla: ¿quiénes son las personas que forman parte de nuestra Jerusalén, nuestra Judea y nuestra Samaria? Dios sigue enviando a su pueblo. Y el regalo que Él nos da no es para guardarlo, sino para vivirlo y compartirlo.
Gracias, Jesús, por derramar el don de tu Espíritu en nuestras vidas. Ayúdanos y dirígenos a compartir la buena nueva en nuestros vecindarios y en todo el mundo. Amén.