17 de agosto del 2026
Juan 4:1-26
JESÚS EN EL DÍA A DÍA
“Y estaba allí el pozo de Jacob. Entonces Jesús, cansado del camino, se sentó así junto al pozo. Era como la hora sexta”. Juan 4:6
Jesús era plenamente Dios, pero también plenamente humano. Eso significa que tenía sed, sentía hambre y se cansaba después de caminar largas distancias. En los evangelios vemos a Jesús celebrando en una boda, viajando con sus discípulos, compartiendo comidas y conversaciones. En el pasaje de hoy lo encontramos exactamente así: cansado del camino, sentado junto a un pozo. Y en ese momento tan común comienza una de las conversaciones más profundas de todo el evangelio. Jesús le pide agua a una mujer samaritana y termina revelándole que Él es el Mesías. Es interesante imaginar cómo sería convivir con Jesús día tras día. ¿Cuántas comidas habrán compartido los discípulos con Él? ¿Cuántas caminatas por los caminos polvorientos de Galilea? ¿Cuántas conversaciones al caer la noche alrededor del fuego? Quizá los discípulos aprendieron tanto de Jesús en esos momentos cotidianos como cuando lo escuchaban enseñar o veían sus milagros. Y eso nos deja una hermosa lección: seguir a Jesús no ocurre solo en momentos extraordinarios. También sucede en las conversaciones sencillas, en las caminatas, en las comidas compartidas y en la vida diaria. Él vivió una vida profundamente humana entre las personas que Dios puso a su alrededor. ¿Cómo puedes llevar hoy la presencia de Jesús a tu vida cotidiana y a las personas que Dios ha puesto cerca de ti?
Gracias, oh Dios, por enviar a Jesús a vivir entre nosotros. Ayúdanos a compartir con otros el amor de Jesús. En quien oramos, Amén.