Juan 1:14-18
¿SERÍAS MI VECINO?
“Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros…” Juan 1:14
En muchas ciudades, las personas viven muy cerca unas de otras, pero casi no se conocen. Las puertas se abren y se cierran, los autos entran y salen, y cada quien sigue con su propia rutina. A veces pasan años sin saber siquiera quién vive al otro lado de la calle. Sin embargo, cuando los vecinos encuentran una oportunidad para reunirse, algo interesante suele ocurrir. En una reunión sencilla de vecindario, varias personas comenzaron a decir cosas como: “¡Qué bueno es tener vecinos así!” o “Me alegra vivir en un lugar donde la gente se preocupa unos por otros”.
Eso recuerda una verdad importante: la presencia importa. En Juan 1:14 se nos dice que Jesús “habitó entre nosotros” o, como alguien lo ha traducido, Jesús “se hizo carne y hueso y se mudó al vecindario”. Dios no decidió mantenerse distante; eligió acercarse, vivir entre nosotros y compartir nuestra vida.
Cuando las personas reflejan ese mismo espíritu —mostrando generosidad y cercanía— buenas cosas suceden. Un pequeño gesto de ayuda, una conversación o una puerta abierta pueden marcar una gran diferencia. Así es como muchas veces comienza el testimonio cristiano: con presencia. Jesús entró deliberadamente en nuestro mundo y decidió vivir entre nosotros. Ahora nos toca preguntarnos: ¿cómo podemos nosotros llevar su presencia al vecindario donde vivimos?
Jesús, gracias por hacer tu hogar entre nosotros. Gracias a tu presencia en nuestro mundo, somos libres. Ayúdanos a ser una presencia amorosa en nuestra comunidad. Amén.