Apocalipsis 19:11-16
EL REY VICTORIOSO
“Y en su vestidura y en su muslo tiene escrito este nombre: REY DE REYES Y SEÑOR DE SEÑORES”. Apocalipsis 19:16
Hace no mucho tiempo, por donde vivo, mucha gente estuvo pendiente de la llegada de una Miss Universo, originaria de esta tierra. Las calles estaban abarrotadas. Las cámaras no querían perderse detalle. La emoción era evidente. Y todo eso por un reinado que dura apenas un año.
Pero vendrá otro momento, mucho más sublime y verdaderamente universal. Un momento en el que nadie quedará indiferente. Donde toda rodilla se doblará y toda lengua confesará el señorío de Cristo. Apocalipsis nos lo presenta así: montado sobre un caballo, pero ya no en humildad como en su primera venida. No viene a ser juzgado, viene a juzgar. No viene a sufrir, viene a reinar. El que fue rechazado se manifiesta ahora como el Rey de reyes y Señor de señores.
Y esto no es solo una escena impresionante; es un consuelo profundo para su pueblo. Porque su venida tiene un propósito claro: viene por su iglesia. Viene por su esposa. Viene a consumar una relación que ya ha sido sellada, pero que aún espera su plenitud. Y esta vez no habrá obstáculos. No habrá interferencias. No habrá nada que afecte esa comunión. Viene desde el cielo y nada podrá hacerle frente. Por eso, mientras el mundo se emociona con coronas pasajeras, el creyente vive con la mirada puesta en un reino eterno. Porque nuestro Rey no será celebrado por un momento: será reconocido por siempre.
Bendito seas, Dios nuestro, porque tu Hijo viene pronto. Y confiamos en que somos parte de ese pueblo redimido que es el motivo principal de su regreso. En su nombre oramos, amén.