1 Corintios 15:51-58
MIENTRAS LLEGA LA HORA FINAL
“Así que, hermanos míos amados, estad firmes y constantes, creciendo en la obra del Señor siempre, sabiendo que vuestro trabajo en el Señor no es en vano”. 1 Corintios 15:58
¿Cuál es su reacción al escuchar las promesas futuras de Dios? Porque la esperanza cristiana no nos adormece, nos despierta. No es una almohada para descansar, es un impulso para perseverar. Lejos de hacernos pasivos, nos llama a vivir con más firmeza, con más constancia, con mayor entrega.
Este llamado de Pablo viene después de hablar de una de las verdades más gloriosas del evangelio: la resurrección. Para muchos en su tiempo —y también en el nuestro— esto resulta difícil de aceptar. Vivimos en una cultura que ve la muerte como el final absoluto. Sin memoria, sin futuro, sin esperanza. Pero el evangelio dice algo completamente distinto. La muerte, ese último enemigo, ha sido vencida. Cristo la enfrentó. Cristo la derrotó. Y así como Él resucitó, nosotros también resucitaremos.
Y eso significa que nuestra vida aquí tampoco es en vano. Por eso Pablo no dice: “esperen tranquilos”, dice: “estad firmes… constantes… creciendo.” No es un llamado a la inactividad sino
a la perseverancia. No es para cruzarnos de brazos, sino para una entrega fiel a servir. Y esto es lo que sostiene al creyente en medio del cansancio, de la rutina, de los momentos en que parece que nada cambia: nada de lo que se hace en el Señor es en vano. Nada. Ni lo pequeño. Ni lo oculto. Ni lo que nadie reconoce. Todo será visto. Todo tendrá fruto. Todo será recompensado.
Gracias, oh Dios, porque tu obra es completa y definitiva. Nos gozamos de saber que nuestro trabajo para ti, no pasa desapercibido. En el nombre de Cristo, amén.