19 de julio del 2026
Salmo 119:9-16
LA PALABRA QUE GUARDA EL CORAZÓN
“En mi corazón he guardado tus dichos, para no pecar contra ti”. Salmo 119:11
Cuando se habla de la guerra espiritual, es fácil desviarse sin darnos cuenta. Podemos llegar a enfocarnos tanto en el enemigo que terminamos olvidando a Aquel a quien decimos amar y servir. Tal vez le ha pasado. Escucha conversaciones sobre Satanás, sus estrategias, sus ataques y todo empieza a girar alrededor de él. Casi como si la vida cristiana fuera una constante reacción a lo que el enemigo hace. Este pasaje nos devuelve al sentido último de la guerra espiritual. No se trata del enemigo sino de aprender a centrar nuestra vida en Dios. De que Él sea el motivo de nuestra existencia. De honrar su santidad con una vida de obediencia y rendición. ¿Y cómo se logra esto? Dios no nos dejó a la deriva. Nos ha dado su bendita Palabra. La guerra espiritual no se gana aprendiendo conjuros ni repitiendo fórmulas contra el enemigo. Se gana al conocer la Palabra, al vivir en ella y al obedecerla. Es esa Palabra la espada del Espíritu, la que guarda nuestro corazón, la que nos mantiene firmes. Y Jesús mismo nos muestra el camino. En medio de la tentación, no hace demostraciones extraordinarias de su poder divino; responde con la Palabra. Pero no solo la cita: la honra, la vive y la guarda. Porque la batalla espiritual no se gana con un conocimiento detallado del enemigo sino con un corazón rendido a Dios.
Bendito Dios, gracias por tu Palabra revelada. Ayúdame a confiar en tu sabiduría para ordenar mi vida total. En Cristo, amén.
La Biblia habla de una batalla que todos enfrentamos, aunque no siempre la veamos. No es contra personas, sino en lo profundo del corazón: en lo que creemos, en quién confiamos y a quién obedecemos. Algunos la ignoran; otros se enfocan tanto en el enemigo que viven con temor. Pero la Escritura nos muestra que esta es la buena batalla de la fe: una lucha real, pero con propósito, en la que Dios mismo nos llama a permanecer firmes. A lo largo de esta serie veremos cómo se libra esta batalla, cuáles son las armas que Dios ha provisto y cómo vivir con discernimiento y confianza. Porque no peleamos para obtener la victoria sino desde la victoria que Cristo ya ha asegurado. La pregunta no es si usted está en la batalla, sino: ¿cómo la está enfrentando? ¿en sus fuerzas o confiando en Aquel que ya ha vencido?
Huascar de la Cruz
Es casado y tiene cuatro hijos. Ha sido pastor en México por largo tiempo, y en la actualidad funge como el director del Ministerio Reforma.