11 de julio del 2026
1 Juan 3:4-10
EL HIJO DESTRUYE LAS OBRAS DEL DIABLO
“El que practica el pecado es del diablo. Precisamente para esto ha venido el Hijo de Dios: para deshacer lo hecho por el diablo”. 1 Juan 3:7-8
No ha leído mal. El pecado tiene un origen inequívoco. Puede culpar a sus padres, o atribuirlo a la sociedad. Puede invocar a los astros o apoyarse en explicaciones psicológicas, pero nada de eso resuelve el problema. “El que practica el pecado es del diablo”, dice el pasaje. Nuestro linaje espiritual, en esa condición, tiene un origen siniestro. No es algo casual o pasajero. No puede corregirse con mejor educación ni con condiciones externas favorables. Pero, gracias a Dios, no estamos a la deriva. Si alguna vez la palabra “precisamente” ha sido usada con exactitud, es aquí: “Para esto ha venido el Hijo de Dios”. Jesús no vino en un tour intergaláctico a este planeta. Tampoco apareció con la idea de pasar un tiempo de asueto entre nosotros. Podemos imaginar una infinidad de motivos alternos para explicar que Dios se haya hecho hombre. Pero solo una de ellas basta para explicar su venida: “para deshacer lo hecho por el diablo”. Él vino a revertir el desastre provocado por el gran adversario. Vino a romper el dominio del pecado. Vino a cambiar nuestra historia desde la raíz. Y esa es la gran noticia. Porque en Cristo, nuestro linaje cambia. Ya no estamos definidos por lo que éramos, sino por lo que Él ha hecho. Por medio del nuevo nacimiento, somos hechos hijos de Dios. Formamos parte de una nueva familia.
Padre, gracias por enviar a tu Hijo al mundo, y permitirnos llegar a formar parte de tu familia. En el nombre de Jesús, amén.
La Biblia habla de una batalla que todos enfrentamos, aunque no siempre la veamos. No es contra personas, sino en lo profundo del corazón: en lo que creemos, en quién confiamos y a quién obedecemos. Algunos la ignoran; otros se enfocan tanto en el enemigo que viven con temor. Pero la Escritura nos muestra que esta es la buena batalla de la fe: una lucha real, pero con propósito, en la que Dios mismo nos llama a permanecer firmes. A lo largo de esta serie veremos cómo se libra esta batalla, cuáles son las armas que Dios ha provisto y cómo vivir con discernimiento y confianza. Porque no peleamos para obtener la victoria sino desde la victoria que Cristo ya ha asegurado. La pregunta no es si usted está en la batalla, sino: ¿cómo la está enfrentando? ¿en sus fuerzas o confiando en Aquel que ya ha vencido?
Huascar de la Cruz
Es casado y tiene cuatro hijos. Ha sido pastor en México por largo tiempo, y en la actualidad funge como el director del Ministerio Reforma.