Romanos 7:7-25
LA BATALLA DEL CREYENTE
“Pero veo otra ley en mis miembros, que se rebela contra la ley de mi mente, y que me lleva cautivo a la ley del pecado que está en mis miembros”. Romanos 7:23
¿Le ha pasado? Sabe lo que es correcto, pero no siempre lo hace. Quiere agradar a Dios, pero algo dentro se resiste. Decide cambiar, y, sin embargo, vuelve a caer. Es una lucha silenciosa y algo cansada. Y a veces uno piensa: “¿Por qué sigo siendo así si amo a Dios?”.
Pablo también lo sintió. No habla como alguien lejos de Dios, aunque hay quienes piensan lo contrario. Él habla como alguien que pertenece a Dios. Un creyente que ama a Dios, pero que sigue en la lucha. Como un creyente que, aun con un corazón renovado, descubre que la batalla no ha terminado. Hay dentro de nosotros un deseo real de obedecer, pero también una fuerza que empuja en la dirección contraria. Y eso duele. No es solo que fallamos; es que no queremos fallar y aun así ocurre.
Por eso su clamor es de gran valor para quienes son conscientes de esa lucha: “¿Quién me librará?”. Y la respuesta no es “esfuérzate más”, ni “inténtalo otra vez”. La respuesta es una persona: “Gracias doy a Dios, por Jesucristo Señor nuestro”. Ahí está la esperanza. Porque la vida cristiana no es la ausencia de lucha; es la presencia de Cristo en medio de la lucha. Sí, seguimos peleando. Sí, seguimos cayendo a veces. Pero ya no estamos solos. Cristo pelea por y con nosotros. Y lo más precioso: No hay condenación para los que están en Cristo Jesús. ¿No le anima esto a mantenerse en la lucha?
Líbranos, Jesús, de seguir haciendo el mal. Acompáñanos en nuestras luchas diarias y muéstranos el camino correcto. Amén.