Salmo 123:1-4
PONGA SUS OJOS EN DIOS
“A ti alcé mis ojos, A ti que habitas en los cielos”. Salmo 123:1
Vivimos en un mundo lleno de miradas que hieren. Está la mirada del soberbio que desprecia y el dedo acusador que señala nuestros errores. No es raro que el corazón termine cansado de tanta burla, desprecio o indiferencia. Algo parecido experimentaba el salmista. Él habla de un alma “hastiada del escarnio” y cansada del desprecio de los orgullosos. Sus ojos han visto demasiado de la arrogancia humana.
Por eso hace algo distinto: levanta sus ojos hacia Dios. No mira al pie del que lo pisotea ni se queda atrapado en la mirada del soberbio. Alza sus ojos al Señor, el que habita en los cielos. Y allí encuentra algo que rara vez se ve entre los poderosos de este mundo: misericordia. En un mundo donde es difícil que alguien en posición de poder muestre compasión —o siquiera respeto—, qué consuelo es saber que hay alguien más alto que todos. Uno que no humilla, sino que tiene misericordia. El salmista espera en Él como el siervo que mira la mano de su señor, confiando en que vendrá la ayuda.
Y nosotros sabemos que esa misericordia ha sido revelada plenamente en Jesucristo. Él también soportó las burlas, las miradas de desprecio y las acusaciones injustas. Pero lo hizo para darnos algo que el mundo no puede ofrecer: la gracia de Dios. Por eso, levanta tus ojos al Señor. No necesitas más afirmación que la suya ni mayor socorro que el que Él da.
Te agradecemos Señor, por acudir en nuestra ayuda y no abandonarnos. Fija nuestros ojos en ti, fortalece nuestra fe para que no sea doblegada. Amén.