Salmo 133:2-3
ACEITE Y ROCÍO
“Es como el buen óleo, […] Como el rocío de Hermón…” Salmo 133:2-3
Al describir la belleza de la unidad entre los hermanos, el salmista utiliza dos imágenes muy conocidas en su tiempo: el aceite y el rocío. Primero menciona el buen óleo. En el mundo antiguo, el aceite era muy valioso. Se usaba para perfumar, para aliviar heridas y también en ceremonias sagradas. En la Biblia, además, el aceite suele ser un símbolo de la obra del Espíritu de Dios. Así es la unidad entre los hermanos: como un aceite precioso que perfuma la vida de la comunidad, suaviza las relaciones y trae bendición.
Luego el salmista menciona otra imagen: el rocío del monte Hermón. En una tierra donde el calor puede resecar el suelo, el rocío de la mañana era un regalo del cielo. Llegaba silenciosamente durante la noche y cubría la tierra con frescura, trayendo vida y renovación. La Escritura misma compara la obra de Dios con ese rocío. “Yo seré a Israel como rocío”, dice el profeta Oseas (Oseas 14:5).
Así también ocurre cuando los hermanos viven en armonía. La unidad refresca el corazón, restaura las relaciones y trae vida a la comunidad. Y esa bendición no se queda encerrada dentro de la iglesia. Cuando el mundo observa una comunidad marcada por el amor y la unidad, puede percibir algo del carácter de Dios. Porque cuando los hermanos viven en armonía, la vida de Dios fluye entre ellos como aceite que perfuma y como rocío que refresca.
Enséñanos Padre, a vivir en unidad con nuestros hermanos para que el mundo pueda creer en tu Hijo Jesús. En su nombre oramos, Amén.