24 de junio del 2026
Salmo 132:1-18
LA ELECCIÓN DE SION
“Porque Jehová ha elegido a Sion; La quiso por habitación para sí”. Salmo 132:13
El salmista declara una verdad llena de gracia: Dios escogió a Sion. No fue la grandeza de la ciudad, ni su poder, ni sus méritos lo que movió al Señor. Fue simplemente su voluntad amorosa. Dios decidió poner allí su nombre y hacer de ese lugar su morada entre su pueblo. Así ha obrado siempre la gracia de Dios. A lo largo de la historia, el Señor ha escogido a su pueblo no por su grandeza, sino por su amor. Israel mismo fue recordado de esto muchas veces: no era la nación más numerosa ni la más poderosa, pero Dios puso sobre ella su mirada y la hizo su pueblo. En el Nuevo Testamento esta verdad alcanza su plenitud. Ya no se trata de una ciudad o de un monte, sino de una comunidad viva. La iglesia es ahora el pueblo en medio del cual Dios habita por su Espíritu. También nosotros somos parte de esa obra de gracia. La Escritura nos dice que fuimos escogidos en Cristo antes de la fundación del mundo, no por nuestros méritos, sino por su amor. Pero esta verdad no debe llenarnos de orgullo. Al contrario, debe llevarnos a una profunda gratitud. Por eso la elección no es motivo de arrogancia, sino de humildad. Dios ha querido habitar entre nosotros, y eso nos invita a caminar en obediencia, en amor y en fidelidad. Que esta verdad llene nuestro corazón de gratitud: el Señor ha querido hacer de su pueblo su morada.
Padre eterno, gracias porque aún sin merecerlo, fui escogido por ti. Que nuestras vidas sean un reflejo de que somos tus hijos. En Cristo Jesús, Amén.