Salmo 122:6-9
JERUSALÉN, LA CIUDAD DE LA PAZ
“Pedid por la paz de Jerusalén; Sean prosperados los que te aman”. Salmo 122:6
Jerusalén ocupa un lugar especial en la historia bíblica. David conquistó esta ciudad y la estableció como la capital del reino de Israel. Y en los días de Salomón, el templo fue edificado allí, convirtiendo a Jerusalén no solo en el centro político de Israel, sino también en el lugar central de adoración al Señor.
El templo de Jerusalén era también una casa de oración para todos los pueblos. Desde allí, las naciones debían conocer al único Dios vivo y verdadero. El nombre Jerusalén significa “ciudad de paz”, aunque paradójicamente ha sido una ciudad marcada por conflictos y guerras a lo largo de la historia. Sin embargo, fue precisamente allí donde Jesús, el Príncipe de la Paz, realizó la obra que trae verdadera paz.
Desde Jerusalén ascendió al cielo y derramó el Espíritu Santo sobre su iglesia. Y desde Jerusalén el evangelio de la paz comenzó a extenderse hasta los confines de la tierra. Por eso Jerusalén es mucho más que una ciudad importante en la geopolítica del mundo contemporáneo. En la Biblia, Jerusalén apunta a una realidad más profunda: la paz que Dios ofrece al ser humano, paz con Él y paz con el prójimo. De allí la exhortación del salmista: “Pedid por la paz de Jerusalén”. Oremos para que la paz de Dios, que fue anunciada desde Jerusalén, siga alcanzando corazones y transformando vidas.
Te pedimos, Señor, por la paz de Jerusalén y todas las naciones que viven en guerra. Trae paz y esperanza a los afectados, y pon en sus corazones aceptarte como Salvador. Amén.