Jeremías 10:1-16
ENTRE LA FE Y LA SUPERSTICIÓN
“Derechos están como palmera, y no hablan; son llevados, porque no pueden andar. No tengáis temor de ellos, porque ni pueden hacer mal, ni para hacer bien tienen poder”. Jeremías 10:5
Desde tiempos antiguos, las personas han atribuido poder a objetos, imágenes o símbolos. Se convierten en amuletos, “protecciones”, señales de suerte o de desgracia. Pero el profeta Jeremías es claro: no tienen poder. No hablan. No caminan. No hacen ni bien ni mal. El problema no es el objeto en sí, sino el corazón que deposita en él confianza. Cuando la superstición ocupa el lugar de la fe, la familia pierde dirección. Se teme lo que no tiene poder y se descuida lo que sí lo tiene.
El bien y el mal no se transmiten por figuras inanimadas. Se transmiten por ejemplo. El carácter de los hijos no se forma por lo que cuelga en la pared, sino por lo que ven cada día en sus padres. Se moldea en el trato, en las palabras, en la coherencia. Muchos jóvenes que se desvían no lo hacen por influencia de un “objeto”, sino por heridas profundas: abuso, abandono, falta de guía, ausencia de afecto, mal ejemplo. El verdadero campo de batalla no está en lo material, sino en el corazón humano.
La Escritura nos recuerda que solo Dios tiene poder verdadero. Por eso, en lugar de temer supersticiones o símbolos, necesitamos cultivar fe genuina. Con Jesús, el mal no tiene la última palabra. Él es quien transforma corazones y preserva vidas. No temamos a lo que no tiene poder. Temamos a Dios, y caminemos en su verdad. Allí comienza la verdadera victoria.
Jesús, quita el pecado de nuestro corazón y haz que seamos conscientes de nuestros actos y palabras. Líbranos del dominio y la influencia del mal por medio de tu poder. Amén.