Hechos 1:6-11
MIENTRAS JESÚS REGRESA
“…pero recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra”. Hechos 1:8
Estas fueron las últimas palabras de Jesús antes de ascender al cielo. Y su encargo es muy claro y sencillo: ser testigos. En pocas palabras, eso define a la iglesia. Todo lo demás —los programas, los templos, la estructura— tiene sentido solo si está al servicio de esa misión.
Y lo que Jesús encarga no es algo pequeño. Es una misión mundial. “Hasta lo último de la tierra” suena abrumador, especialmente para aquel grupo reducido de discípulos que todavía estaban asimilando la partida de su Maestro. ¿Cómo podrían ellos —pescadores, hombres comunes, sin poder ni recursos— llevar un mensaje tan grande a todo el mundo?
La respuesta está en la primera parte del versículo: “Recibiréis poder…”. No es poder humano, ni político, ni económico. Es el poder del Espíritu Santo, que vendría para llenar, sostener y guiar a la iglesia en su tarea. Jesús no los envía solos. Les promete su presencia viva a través del Espíritu. Y puedes estar seguro que el Espíritu que impulsó a los primeros discípulos sigue obrando en nosotros, encendiendo corazones, sosteniendo a quienes proclaman el evangelio, dando valor a los que dan testimonio en medio de la oposición. El poder no ha disminuido. La misión tampoco ha cambiado. Por eso, la mejor manera de esperar el regreso de Cristo no es quedarnos mirando al cielo, sino ponernos en marcha en su misión.
Padre celestial, ayúdanos a cumplir con esta importante tarea. Llénanos con tu Espíritu y guíanos a testificar hasta lo último de la tierra. En el nombre de Jesús, Amén.