Lucas 18:9-14
VECINOS DISTANTES
“Dos hombres subieron al templo a orar: uno era fariseo, y el otro publicano”. Lucas 18:10
Estas dos personas llegaron a la misma hora, al mismo templo, con la misma intención: orar a Dios. Pero los parecidos terminan aquí. La pregunta más inquietante ¿cuál de las oraciones aceptará Dios: la del fariseo o la del publicano? Si en aquel día hubiéramos hecho una encuesta entre la gente de la comunidad, no habría disputa. El fariseo se hubiera llevado los likes, y la admiración.
¿El cobrador de impuestos? Quizá algunos memes burlones, pero difícilmente alguien le daría una posibilidad de ser escuchado por Dios. Y sin embargo, Jesús piensa diferente, Él no se dejaba deslumbrar por ese aparente sentido de piedad. Que Jesús les haya llamado “sepulcros blanqueados” no es casualidad. Se veían bonitos por fuera, pero por dentro el olor era nauseabundo. Y si algo delata al fariseo es su propia oración. Sus palabras son una ventana a su corazón. Su sentido de justicia se basa en compararse con los demás.
Y es aquí donde el publicano nos da una lección, a todos aquellos que somos fariseos en proceso de recuperación. Él sí vino a buscar a Dios. No estaba seguro si le escucharía. Pero lo que él dice es muy cierto. Él no ha vivido de acuerdo a los estándares divinos. Ha ofendido a un Dios santo. Su petición es simple: “Sé propicio a mí, pecador”. Y esas palabras son música en el cielo.
Líbrame del orgullo, Señor, y dame la humildad para acercarme a ti y reconocer mis faltas. Que mi oración sea siempre sincera y agradable a ti. Amén.