27 de marzo del 2026
Lucas 18:9-14
VECINOS DISTANTES
“Dos hombres subieron al templo a orar: uno era fariseo, y el otro publicano”. Lucas 18:10
Estas dos personas llegaron a la misma hora, al mismo templo, con la misma intención: orar a Dios. Pero los parecidos terminan aquí. La pregunta más inquietante ¿cuál de las oraciones aceptará Dios: la del fariseo o la del publicano? Si en aquel día hubiéramos hecho una encuesta entre la gente de la comunidad, no habría disputa. El fariseo se hubiera llevado los likes, y la admiración. ¿El cobrador de impuestos? Quizá algunos memes burlones, pero difícilmente alguien le daría una posibilidad de ser escuchado por Dios. Y sin embargo, Jesús piensa diferente, Él no se dejaba deslumbrar por ese aparente sentido de piedad. Que Jesús les haya llamado “sepulcros blanqueados” no es casualidad. Se veían bonitos por fuera, pero por dentro el olor era nauseabundo. Y si algo delata al fariseo es su propia oración. Sus palabras son una ventana a su corazón. Su sentido de justicia se basa en compararse con los demás. Y es aquí donde el publicano nos da una lección, a todos aquellos que somos fariseos en proceso de recuperación. Él sí vino a buscar a Dios. No estaba seguro si le escucharía. Pero lo que él dice es muy cierto. Él no ha vivido de acuerdo a los estándares divinos. Ha ofendido a un Dios santo. Su petición es simple: “Sé propicio a mí, pecador”. Y esas palabras son música en el cielo.
Líbrame del orgullo, Señor, y dame la humildad para acercarme a ti y reconocer mis faltas. Que mi oración sea siempre sincera y agradable a ti. Amén.
El evangelio de Lucas nos invita a ver a Jesús con ojos nuevos. No solo como un personaje histórico, sino como el Hijo de Dios que caminó entre nosotros con ternura y poder. Lucas, médico y cuidadoso narrador, investigó todo con detalle para que tengamos plena certeza de lo que creemos. Su relato nos muestra al Cristo que toca al intocable, que se sienta a la mesa con pecadores, que devuelve esperanza a los caídos y que abre el cielo a los que nadie veía. Cada capítulo de Lucas es una ventana al corazón de Dios. En sus páginas descubrimos que la salvación no es una teoría, sino una persona. Jesús no vino solo a enseñar, sino a rescatar; no vino solo a hablar de amor, sino a vivirlo hasta la cruz. Este evangelio nos recuerda que la fe no comienza con lo que hacemos por Dios, sino con lo que Él ha hecho por nosotros en Cristo.
Huascar de la Cruz
Es casado y tiene cuatro hijos. Ha sido pastor en México por largo tiempo, y en la actualidad funge como el director del Ministerio Reforma.