Lucas 19:1-10
DEL ÁRBOL A LA MESA
“Al ver esto, todos murmuraban, diciendo que había entrado a posar con un hombre pecador”. Lucas 19:7
Qué bendición tan grande es llegar a conocer a Jesús. Un día estamos atrapados en una forma de vivir que solo nos gana el rechazo de otros… y al siguiente descubrimos que somos parte de una familia con sabor eterno. Un día estamos lejos del Redentor, buscando apenas un árbol que nos permita verlo pasar… y al otro, lo recibimos como huésped de honor en nuestra propia casa. Así es el poder transformador del encuentro con Cristo: lleno de gracia.
Y lo más hermoso es que la obra de Jesús no se detiene en un momento inicial. Cuando Él entra a un hogar, su presencia trae luz y renovación. Bendice a la familia entera, porque donde llega la salvación también llegan las oportunidades nuevas. Nuestros seres queridos son expuestos a la bondad del evangelio, y nosotros mismos somos movidos a tomar decisiones que reflejan la vida nueva que hemos recibido. Así como Zaqueo, comenzamos a hacer enmiendas, a reparar, a vivir de manera coherente con la gracia que nos alcanzó.
Así que no deje la visita de Jesús en la puerta. No permita que su fe se quede en palabras bonitas o simples rituales. Si Cristo entró en la casa de un hombre marcado por el pecado, también puede entrar en la suya y transformarlo todo. Él no llega para observar; llega para restaurar. No llega para juzgarlo y dejarlo igual; llega para perdonarlo y renovar su vida desde adentro.
Señor, Jesús, Reconozco que necesito de ti y de tu restauración divina. Ven a mi hogar y transfórmame. En tu nombre, Amén.