24 de marzo del 2026
Lucas 15:8-10
¿ES POSIBLE PERDERSE EN CASA?
“¿O qué mujer que tiene diez dracmas, si pierde una dracma, no enciende la lámpara, y barre la casa, y busca con diligencia hasta encontrarla?”. Lucas 15:8
Llama la atención el lugar donde la moneda se pierde. Mientras que la oveja se extravía en el campo y el hijo pródigo se pierde viviendo desenfrenadamente en una ciudad lejana, toda la historia de la moneda perdida ocurre dentro del hogar. La mujer no tiene que salir a buscar lejos ni esperar desde la puerta mirando al horizonte. La búsqueda sucede entre bolsas, gavetas, debajo de la cama, entre la ropa. La mujer hace lo que cualquiera haría: busca con diligencia. Entonces surge la pregunta: ¿por qué criticaban los líderes religiosos a Jesús por venir a buscar lo que estaba perdido? ¿No deberían ellos ser quienes mejor entendieran el corazón de Dios por sus criaturas extraviadas? Y aquí aparece una reflexión inquietante: ¿Es posible perderse en casa? Al parecer sí. La moneda no terminó en un callejón peligroso ni cayó en manos de personas malintencionadas. Se perdió en el lugar más familiar, más seguro… en su propio hogar. Así pasa también con muchas personas. A veces uno se extravía no fuera, sino dentro: dentro de la rutina, dentro de la indiferencia espiritual. Pero sea cual sea tu situación —si estás lejos o si te has perdido estando “en casa”— el Señor tiene buenas noticias para ti. Él vino precisamente para esto: para buscar y encontrar. Para recordarte que tienes un lugar en su rebaño, un espacio en su monedero, un asiento en su mesa.
Ven a nosotros, Señor, y rescátanos de los lugares oscuros en que nuestra vida se encuentra. Y recuérdanos que tienes un lugar para nosotros En la eternidad. Amén.
El evangelio de Lucas nos invita a ver a Jesús con ojos nuevos. No solo como un personaje histórico, sino como el Hijo de Dios que caminó entre nosotros con ternura y poder. Lucas, médico y cuidadoso narrador, investigó todo con detalle para que tengamos plena certeza de lo que creemos. Su relato nos muestra al Cristo que toca al intocable, que se sienta a la mesa con pecadores, que devuelve esperanza a los caídos y que abre el cielo a los que nadie veía. Cada capítulo de Lucas es una ventana al corazón de Dios. En sus páginas descubrimos que la salvación no es una teoría, sino una persona. Jesús no vino solo a enseñar, sino a rescatar; no vino solo a hablar de amor, sino a vivirlo hasta la cruz. Este evangelio nos recuerda que la fe no comienza con lo que hacemos por Dios, sino con lo que Él ha hecho por nosotros en Cristo.
Huascar de la Cruz
Es casado y tiene cuatro hijos. Ha sido pastor en México por largo tiempo, y en la actualidad funge como el director del Ministerio Reforma.