Lucas 15:8-10
¿ES POSIBLE PERDERSE EN CASA?
“¿O qué mujer que tiene diez dracmas, si pierde una dracma, no enciende la lámpara, y barre la casa, y busca con diligencia hasta encontrarla?”. Lucas 15:8
Llama la atención el lugar donde la moneda se pierde. Mientras que la oveja se extravía en el campo y el hijo pródigo se pierde viviendo desenfrenadamente en una ciudad lejana, toda la historia de la moneda perdida ocurre dentro del hogar. La mujer no tiene que salir a buscar lejos ni esperar desde la puerta mirando al horizonte. La búsqueda sucede entre bolsas, gavetas, debajo de la cama, entre la ropa.
La mujer hace lo que cualquiera haría: busca con diligencia. Entonces surge la pregunta: ¿por qué criticaban los líderes religiosos a Jesús por venir a buscar lo que estaba perdido?
¿No deberían ellos ser quienes mejor entendieran el corazón de Dios por sus criaturas extraviadas?
Y aquí aparece una reflexión inquietante: ¿Es posible perderse en casa? Al parecer sí. La moneda no terminó en un callejón peligroso ni cayó en manos de personas malintencionadas. Se perdió en el lugar más familiar, más seguro… en su propio hogar. Así pasa también con muchas personas. A veces uno se extravía no fuera, sino dentro: dentro de la rutina, dentro de la indiferencia espiritual. Pero sea cual sea tu situación —si estás lejos o si te has perdido estando “en casa”— el Señor tiene buenas noticias para ti. Él vino precisamente para esto: para buscar y encontrar. Para recordarte que tienes un lugar en su rebaño, un espacio en su monedero, un asiento en su mesa.
Ven a nosotros, Señor, y rescátanos de los lugares oscuros en que nuestra vida se encuentra. Y recuérdanos que tienes un lugar para nosotros En la eternidad. Amén.