Lucas 13:22-30
SORPRESA EN EL CIELO
“Entonces comenzaréis a decir: Delante de ti hemos comido y bebido, y en nuestras plazas enseñaste”. Lucas 13:26
Jesús está hablando del fin de los tiempos, del día del juicio. Ese día en que nada quedará oculto y toda verdad saldrá a la luz. Pero en este pasaje, Él fija su atención en personas que, en vida, frecuentaban la iglesia, escuchaban sus enseñanzas, e incluso se sentían cómodas llamándole “Señor”.
La sorpresa que reciben es devastadora. Ellos estaban convencidos de su buen estatus espiritual. Creían ser parte de la familia de Dios. Estaban seguros de su salvación… cuando en realidad no lo estaban. Jesús revela la razón: había hipocresía en sus corazones. Eran “hacedores de maldad”, personas cuya vida no coincidía con la fe que decían tener. Habían logrado ocultarlo mientras vivían… pero en el día final, cuando toda pretensión se desvanece, quedó claro que nunca habían conocido verdaderamente al Señor.
Intentan sacar sus credenciales: “Comimos contigo”. “Te escuchamos enseñar”. “Estábamos cerca de tus cosas”. Sí… estuvieron cerca, pero nunca dentro. Por eso Jesús insiste:
“Esforzaos a entrar por la puerta angosta” (Lucas 13:24). No hay atajos. No hay accesos alternos. No hay una puerta secundaria para los que parecen cristianos, pero no lo son. La única entrada es Cristo mismo —su gracia, su obra, su señorío—. Por eso, la pregunta no es: “¿Estoy cerca de las cosas de Dios?” La pregunta es: “¿Está Cristo realmente en mi vida?”.
Ora Examina mi corazón, oh Dios, y líbrame de una fe aparente. Prepárame para el día del libro en fe y verdad. En Jesucristo, tu Hijo. Amén.